Enrique Vila‑Matas: El mal de Montano – análisis y claves de lectura.
El mal de Montano es una de las novelas más radicales y metaliterarias de Enrique Vila‑Matas, un territorio donde la vida y la literatura se confunden hasta volverse indistinguibles. El narrador —un escritor y crítico literario que funciona como evidente alter ego del propio autor— escribe un diario y, al mismo tiempo, un diccionario sobre escritores de diarios. Su proyecto se ve atravesado por la figura de su hijo, Montano, aquejado de una extraña enfermedad: está “enfermo de literatura”, incapaz de escribir, atrapado en un bloqueo creativo que el narrador bautiza como “el mal de Montano”.
Esa obsesión enfermiza por la literatura, esa “literatosis” de la que hablaba Onetti, parece contagiar también al propio narrador, que vive cada experiencia como si fuera una cita o un eco de otros libros.

La novela juega deliberadamente con sus formas: a ratos parece un relato de ficción, en otros momentos un diario íntimo, y en ocasiones un ensayo sobre la literatura y sus límites. Vila‑Matas difumina las fronteras entre géneros para reflexionar sobre el papel de la novela en el siglo XXI. La novela decimonónica, con su estructura clásica y su vocación totalizadora, parece haber perdido sentido; frente a ella, el autor reivindica la innovación, la mezcla de registros y la creatividad como única vía posible para seguir escribiendo.
El narrador medita sobre el significado mismo de la literatura:
“Quizá la literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra, inventar un doble”.
Y no duda en criticar la proliferación de falsos escritores, aquellos que publican sin haber aprendido el oficio:
“Todo el mundo, exactamente todo el mundo, se siente capaz de escribir una novela sin haber aprendido nunca ni siquiera los instrumentos más rudimentarios del oficio, y sucede también que el vertiginoso aumento de estos escribientes ha terminado por perjudicar gravemente a los lectores, sumidos hoy en día en una notable confusión.”
Escritas en 2002, estas líneas resuenan hoy con una vigencia casi incómoda.
Por las páginas del libro desfilan numerosos referentes literarios —Kafka, W. G. Sebald, Robert Walser, Robert Musil— que funcionan como estaciones de un mapa personal de lecturas. Uno de los apartados más singulares es el diccionario de escritores de diarios que el narrador está elaborando, y en el que se incluye a sí mismo. Son breves ensayos sobre autores como Gide, Gombrowicz, Kafka, Mansfield, Maugham, Pavese, Pessoa, Pitol o Renard, todos ellos figuras que han explorado la escritura íntima como forma de vida.
Fiel a su propia convicción literaria, Enrique Vila‑Matas continúa arriesgando y reinventando su manera de entender la creación. En El mal de Montano conviven la novela subvertida, el diario, la autobiografía y el ensayo; una fusión constante entre Ficción y No Ficción que convierte el libro en un laboratorio narrativo donde la literatura se examina a sí misma.
El mal de Montano confirma la capacidad de Vila‑Matas para convertir la literatura en un territorio inestable donde la identidad se desdobla y la escritura se vuelve una forma de fiebre. La mezcla de diario, ensayo y ficción no es un mero juego formal, sino la expresión de una búsqueda: cómo seguir escribiendo cuando la literatura parece haberlo dicho todo. En ese espacio de incertidumbre, el narrador se enfrenta a su propio doble, a la enfermedad de la literatura y a la fragilidad del yo. El resultado es una novela exigente, lúcida y profundamente personal, que invita a pensar la escritura como una forma de vida y, a la vez, como una forma de extravío.
El mal de Montano es una novela clave de Enrique Vila‑Matas para entender su proyecto metaliterario. A través del diario, el ensayo y la ficción, el autor explora la “enfermedad de la literatura”, el bloqueo creativo y la identidad del escritor contemporáneo. El libro reflexiona sobre la vigencia de la novela en el siglo XXI y propone una escritura híbrida que combina innovación, memoria y crítica literaria. Una obra esencial para comprender la narrativa experimental de Vila‑Matas y su visión del escritor como figura en permanente diálogo con la tradición.
El narrador, con la música de fondo de “Downtown Train” de Tom Waits, se dispone a seguir escribiendo su diario:
“Hacia las nueve y media, he dejado de leer a Barnes, he puesto música de Tom Waits, concretamente «Downtown Train», la canción que más aprecio de este autor: la historia de alguien que se ha perdido y quiere volver al centro de su ciudad, o en cualquier caso al centro de algo. Con música de Tom Waits, he comenzado a escribir esta mañana en el diario mis recuerdos del pasado viernes, mis recuerdos —no precisamente muy infantiles— de cuando fumé ante el espejo y me llamaba a mí mismo indistintamente José y Rosario y acabé borracho como una cuba oyendo una voz cavernosa que me invitaba a seguir fumando.”
En otro instante silba una tonada de la cantante francesa Barbara:
“Era mi intención despedirme del mundo hasta el día siguiente, pero una hora después ya había cambiado de opinión y sentía unas ganas inmensas de pasear por Nantes. Así que valiéndome del paraguas rojo que a última hora Rosa había metido en mi maleta, fui hacia el Quai de la Fosse, anduve con calma por las calles de la ciudad de Jacques Vaché y de Jules Verne, anduve silbando la canción sobre la lluvia en Nantes de Barbara y terminé parándome frente a la vieja librería Coiffard.”
Editorial: Seix Barral, edición 2012 ↗️


