Ricardo Piglia “Los Diarios de Emilio Renzi. Años de Formación” (2015) Libro, Ed. Anagrama

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Ricardo Piglia y los Años de formación: el origen de una voz literaria.

Años de formación inaugura Los diarios de Emilio Renzi, el ambicioso proyecto autobiográfico de Ricardo Piglia. En estas páginas asistimos al nacimiento de un escritor: las primeras lecturas decisivas, la vida universitaria, los trabajos precarios, las amistades literarias y la construcción lenta —a veces luminosa, a veces incierta— de una voz propia. Piglia registra con una mezcla de lucidez y desamparo el modo en que se forja una sensibilidad crítica, cómo se aprende a leer y a escribir, y qué significa intentar vivir de la literatura en la Argentina de los años sesenta.

Este primer volumen no sólo documenta un periodo vital, sino que revela el laboratorio íntimo donde se gestan sus obsesiones, sus métodos y su poética. Leerlo es entrar en la cocina de un autor que, incluso en sus dudas, ya piensa como uno de los grandes narradores latinoamericanos.

Emilio Renzi funciona en Ricardo Piglia como una prolongación de sí mismo, una máscara que le permite narrar su vida sin quedar atrapado en la literalidad del yo. Tanto en su oficio de escritor como en su condición de lector, Renzi es el espacio donde Piglia ensaya, recuerda, corrige y ficcionaliza. Este primer volumen de los diarios, que abarca los años 1957‑1967, reconstruye su juventud y utiliza a Renzi como mediador: a través de él registra hechos reales, pero también introduce desvíos, invenciones y modulaciones que vuelven borrosa la frontera entre memoria y ficción.

Incluso cuando los episodios son verídicos, el paso por Renzi los transforma en algo distinto, más nítido o más ambiguo, como si la vida necesitara de la literatura para adquirir su forma definitiva.

Interesantes son las reflexiones que Ricardo Piglia anota en torno al inicio de su oficio de escritor. Se pregunta por el origen de esa pulsión, por la naturaleza de una práctica que no vive en la solemnidad de la vocación sino en la insistencia casi física del hábito:

“¿Cómo se convierte alguien en escritor, o es convertido en escritor? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo, y al final se convierte en un modo de vivir (como cualquier otro).”

Esa conciencia del oficio está directamente ligada a su condición de lector. Para Piglia, escribir es una consecuencia natural —y a veces inevitable— de haber leído con intensidad:

“¿Por qué nos dedicamos a escribir después de todo? Se nos da por ahí ¿a causa de qué? Bien, porque antes hemos leído… No importa, desde luego, la causa, importan las consecuencias.”

El diario recoge también sus primeras lecturas formativas: Julio Verne como iniciación imaginativa, y los primeros libros que compra con decisión adulta —La peste de Camus, El oficio de vivir de Pavese, al que dedica un apartado entero, y Stendhal par lui-même. Son títulos que funcionan como hitos en la construcción de su sensibilidad literaria.

Entre estas páginas desfilan también sus primeros amores, recuerdos que aparecen con la misma mezcla de pudor, ironía y lucidez que caracteriza el resto del volumen. La vida sentimental, como la lectura y la escritura, forma parte del aprendizaje que Piglia registra en estos años de formación.

Ricardo Piglia también reflexiona sobre las influencias literarias que desea evitar. En su escritura busca apartarse de la sombra dominante de Borges, cuya presencia parece marcar —y a veces condicionar— buena parte de la literatura argentina. Prefiere a los escritores que se arriesgan, que desvían la tradición: Roberto Arlt, Gombrowicz o Gadda, figuras que se alejan deliberadamente de la línea borgeana y abren otros modos de narrar.

Algo similar le ocurre con Faulkner. Aunque reconoce su grandeza, observa con inquietud cómo su influencia se ha extendido de manera casi hegemónica entre los narradores hispanoamericanos:

“La lista de escritores influidos por William Faulkner es aterradora: Onetti, García Márquez, Rulfo, Sabato, Dalmiro Sáenz, Saer, Rozenmacher, Miguel Briante. Me mantengo lejos de esa ola, busco una prosa lacónica y elíptica. En eso, por lo menos, soy único en estos tiempos tan retóricos.”

Esa búsqueda de una prosa más seca, elíptica y contenida define buena parte de Años de formación: un estilo que se construye tanto por afinidades como por rechazos, por lecturas admiradas y por tradiciones de las que decide apartarse.

Piglia siente una fascinación temprana por el cine, hasta el punto de ver varias películas al día. El diario registra esas semanas de inmersión absoluta en la pantalla, donde conviven el cine clásico norteamericano, el japonés, el italiano y el argentino:

“En estas semanas vi: OSS 117 basada en la novela de espionaje de Jean Bruce; Barrabás de Alf Sjöberg sobre la novela de Pär Lagerkvist; Detrás de un largo muro de Lucas Demare; Un hombre sin suerte de Frank Capra; La fortaleza escondida de Kurosawa; OK Corral de John Sturges; Ugetsu Monogatari de Mizoguchi; El luchador de R. Wise; Los inútiles de Fellini; El arpa birmana de Ichikawa; La princesa que quería vivir de W. Wyler; La ventana indiscreta de Hitchcock; El ciudadano de Wells…”

El cine aparece como una escuela paralela, un espacio de aprendizaje tan decisivo como la literatura. Y lo mismo ocurre con el teatro, que forma parte de su educación sentimental e intelectual:

“Fuimos al teatro (Seis personajes en busca de un autor de Pirandello).”

Estas anotaciones muestran cómo Piglia construye su sensibilidad a partir de múltiples lenguajes: la literatura, el cine, el teatro. Todo se mezcla en la formación de Renzi y todo contribuye a la búsqueda de una voz propia. En paralelo, introduce en el diario algunos relatos breves de juventud, ejercicios narrativos donde ensaya estructuras, puntos de vista y distintas maneras de contar una misma historia. El diario funciona así como un laboratorio: un espacio donde la vida y la ficción se contaminan y se prueban mutuamente.

Entre los pasajes más emotivos destacan los dedicados a su abuelo, veterano de la Primera Guerra Mundial. Conserva un archivo con cartas y documentos de soldados, y ante el avance del Alzheimer se empeña en clasificarlo con la ayuda de Renzi, a quien además sostiene económicamente. La relación con su padre, en cambio, es distante: insiste en que estudie Medicina, mientras el joven Piglia se inclina sin remedio hacia la Historia en Mar del Plata. Esa tensión familiar revela el conflicto entre las expectativas ajenas y la vocación propia.

La figura de la madre ocupa un lugar decisivo. Piglia reconoce en sus relatos orales una influencia profunda, casi fundacional, en su deseo de convertirse en escritor:

“Si me hice escritor, es decir, si tomé esa decisión que definió toda mi vida, fue también a causa de los relatos que circulaban en mi familia… Por eso a veces digo que le debo todo a mi madre, porque ella fue para mí el ejemplo más convincente del modo de ser de un narrador que dedica su vida a contar con variantes y desvíos siempre la misma historia.”

En estos pasajes se percibe cómo la literatura nace para él en el ámbito doméstico, en la transmisión oral, en la repetición de historias que cambian con cada versión. La formación de Renzi —y de Piglia— es también la formación de un oído narrativo.

Piglia trabaja en una revista de izquierdas y vive con intensidad el clima político de la época. La muerte del Che Guevara lo conmociona a él y a su grupo de amigos, aunque nunca lleva la militancia al extremo: observa, discute, participa, pero mantiene cierta distancia crítica que también define su manera de escribir y de leer el mundo.

Con su primer libro de cuentos, La invasión, obtiene una Mención de Honor en un prestigioso concurso literario en Cuba. Su amigo Miguel Briante, pese a la calidad de su obra, queda fuera de los premios. Sin embargo, gracias a la intervención de Piglia, el editor Jorge Álvarez —otro de los nombres clave de la época— termina publicando el libro de Briante. Estos episodios muestran no sólo la red literaria en la que se mueve, sino también la lealtad y el compromiso que mantiene con sus contemporáneos.

En conjunto, Años de formación es el primer volumen de los tres que componen los diarios de Emilio Renzi. Un libro imprescindible para comprender los orígenes, las lecturas, las dudas y las inquietudes literarias de un escritor que, desde muy joven, ya estaba construyendo una de las obras más influyentes de la literatura argentina contemporánea.

Años de formación es mucho más que el inicio de los diarios de Emilio Renzi: es la radiografía íntima de cómo se construye un escritor. Entre lecturas decisivas, amistades literarias, cine, política, tensiones familiares y los primeros intentos narrativos, Ricardo Piglia deja ver el laboratorio donde se forja su poética. Este primer volumen permite comprender el origen de su mirada crítica, su relación con la tradición argentina y el modo en que transforma la experiencia en literatura. Una lectura imprescindible para seguir el desarrollo de uno de los autores más influyentes de la narrativa hispanoamericana contemporánea.


Además del cine y el teatro, la música ocupa un lugar importante en la formación de Piglia. En una de las entradas del diario anota la escucha casi ritual de varios discos de Django Reinhardt, como si la improvisación del guitarrista francés ofreciera un modelo alternativo de libertad narrativa:

“Terminé la tarde en una especie de jam session en la casa de Julio escuchando varios discos del Quinteto del Hot Club de Francia, con Django Reinhardt en guitarra.”

La música aparece así como otro de los lenguajes que moldean su sensibilidad, un espacio donde la intuición, el ritmo y la variación constante dialogan con su propia búsqueda literaria. Para quien quiera acercarse a ese universo sonoro, resulta especialmente recomendable el recopilatorio Djangology: Solo & Duet Recordings, una muestra luminosa del genio de Reinhardt. 

Editorial: Anagrama, edición de 2015. ↗️
Colección: Narrativas Hispánicas

En la web están disponibles las reseñas de los tres volúmenes de Los diarios de Emilio Renzi, una lectura imprescindible para comprender el proyecto autobiográfico de Ricardo Piglia y la evolución de su obra. ↗️