Elles Bailey y Can’t Take My Story Away: una escucha imprescindible en 2026.
Elles Bailey vuelve a demostrar que su territorio natural es ese cruce entre la americana y el blues, con un color soul que atraviesa su manera de cantar y una forma muy personal de narrar la resistencia. Can’t Take My Story Away se afirma desde la voz, desde la experiencia y desde una escritura que busca claridad en medio del ruido. En un momento en el que abundan las producciones pulidas pero intercambiables, Bailey entrega un trabajo que reclama atención por su calidez, su energía y su manera de sostener una identidad propia sin artificios.

🎯 Las sugerencias de escucha 2026 ofrecen una selección diversa y ecléctica de álbumes que irá creciendo disco a disco. Del flamenco al folk, pasando por el jazz experimental o el pop y rock alternativo, cada entrada busca crear un espacio para la exploración sonora sin etiquetas ni fronteras. La intención no es construir una lista definitiva, sino compartir hallazgos musicales que merecen ser escuchados. Los estilos conviven, se cruzan y a veces se contradicen —como lo hace la música cuando está viva.
La playlist de 2026 irá creciendo disco a disco. Mientras tanto, puedes revisitar el recorrido sonoro de 2025:
YouTube /
Spotify / TIDAL
A continuación, puedes explorar el álbum completo en video y leer la reseña crítica que lo acompaña.
Hay discos que nacen de un impulso y discos que nacen de un proceso. Can’t Take My Story Away pertenece a la segunda categoría: un álbum construido a fuego lento, durante tres años, mientras Elles Bailey atravesaba un periodo de transformación personal y artística. La cantautora británica —una de las voces más reconocibles del blues y la americana contemporánea— describe este trabajo como un punto de inflexión, un espacio donde su escritura y su identidad se alinean por primera vez con una claridad nueva.
“Mis álbumes más recientes se sentían como instantáneas en el tiempo”, explica. “Definitivamente hay un empoderamiento en este disco.” Esa doble afirmación marca el tono del álbum: un viaje desde la vulnerabilidad hacia la afirmación, desde la duda hacia la voz propia.
Las canciones que lo componen tienen orígenes dispersos —algunas escritas hace casi una década, otras nacidas en momentos de crisis recientes—, pero aquí encuentran una cohesión inesperada. Bailey lo resume con una honestidad desarmante:
“Ha sido un verdadero viaje quererme a mí misma, sentirme cómoda en mi propia piel”.
Ese trayecto emocional se convierte en la columna vertebral del disco: un relato de resistencia, de reconstrucción y de aceptación.
Musicalmente, Can’t Take My Story Away amplía el territorio que Bailey ha ido trazando en sus trabajos anteriores. Su voz —grave, rasgada, luminosa en los matices— guía un repertorio que combina raíces americanas, soul, blues y una sensibilidad pop contemporánea. El resultado es un álbum que no solo narra una historia, sino que también la reivindica.
Créditos técnicos
Voz principal, piano (pista 11): Elles Bailey; Guitarras, bajo, teclados, percusión, coros, producción y mezcla: Luke Potashnick; Batería: Jeremy Stacey; Batería, percusión, guitarra y fuzz guitar (pista 5): Ethan Johns; Bajo y arreglos de cuerda: Tim Harries; Teclados: Richard Causon; Saxofón: Iain Ballamy (pistas 1–3, 6, 8, 12); Trompeta: Charlie Ballamy (pistas 2, 3, 6, 8), Neal Sugarman (pistas 1, 12); Violín: Rebekah Allen (pistas 4, 9–11); Viola: Emma Sheppard (pistas 4, 9–11); Cello: Laura Anstee (pistas 10, 11); Coros: Delilah Johns, Georgina Johns, Izzie Yardley (pistas 1–3, 5–8, 11, 13); Amy Yon (pistas 4, 9); Elles Bailey (pistas 2, 6, 8–12); Josh Best‑Shaw (pista 11); Luke Potashnick (pistas 2–4, 6–8, 11); Phil Campbell (pista 4);
Ingeniería de sonido: Delilah Johns, Josh Best‑Shaw, Luke Potashnick; Masterización: Lewis Hopkins; Fotografía: Blackham Images, Rob Blackham; Sello: Cooking Vinyl – COOKLP957X, 2026.
🎼 Biografía
Elles Bailey es una cantante, compositora y pianista británica cuya voz —grave, rasgada y profundamente expresiva— se ha convertido en una de las más reconocibles dentro del blues y la americana contemporánea. En menos de una década ha construido una discografía sólida y ascendente, desde su debut Wildfire (2017) hasta Can’t Take My Story Away (2026), pasando por Road I Call Home (2019), Shining in the Half Light (2022) y Beneath the Neon Glow (2024). Cada álbum ha ampliado su alcance y ha consolidado una trayectoria marcada por la constancia, la carretera y una escritura cada vez más personal.
Su crecimiento artístico ha ido acompañado de un notable reconocimiento público. Bailey ha recibido varios premios dentro de la escena blues británica y mantiene un vínculo estrecho con la comunidad musical gracias a su programa semanal en Planet Rock Radio. Beneath the Neon Glow (2024) supuso un punto de inflexión: alcanzó el número 12 en la lista oficial de álbumes del Reino Unido, el número 4 en Escocia y lideró tanto la lista de jazz y blues como la de americana. Ya antes, Shining in the Half Light había logrado situarse en el número 42 de la lista general británica y en lo más alto de las listas especializadas, confirmando su capacidad para conectar con públicos diversos.
Su presencia en directo es otro de los pilares de su carrera. Además de sus giras como artista principal, ha acompañado a figuras como Jools Holland, Don McLean, Van Morrison, Eric Gales, Mike Farris, la Kris Barras Band o King King. En 2025 se unió a Rag’n’Bone Man en varias fechas de su gira de verano por el Reino Unido, incluyendo una actuación conjunta en el Llangollen Pavilion donde interpretaron “Anywhere Away from Here”, asumiendo la parte vocal que en el disco original canta Pink.
La historia de Bailey está marcada por un episodio temprano que definió su voz. Nacida en Bristol, sufrió una grave neumonía a los tres años que la mantuvo hospitalizada durante más de dos semanas, respirando a través de un tubo. Aquella experiencia dejó como secuela un timbre áspero y profundo que, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en su identidad vocal. Su educación musical comenzó en casa, escuchando los discos de blues y rock and roll de Chess Records que coleccionaba su padre.
Tras liderar una banda local de indie rock, su afinidad por el blues y la música americana la llevó a formar un grupo estable de gira y a publicar sus primeros trabajos: el EP Who Am I to Me (2015) y The Elberton Sessions (2016), que la dieron a conocer por la intensidad de sus actuaciones en directo.
Su debut de estudio, Wildfire (2017), grabado en Nashville con el productor Brad Nowell, marcó el inicio de una etapa de madurez. Bailey coescribió la mayoría de las canciones y emprendió una extensa gira por Norteamérica y el Reino Unido. Road I Call Home (2019) confirmó su proyección: alcanzó el número uno en la lista de blues del Reino Unido y fue reconocido como “Álbum del Año” en los UK Blues Awards, donde Bailey también fue nombrada “Artista del Año”. Durante la pandemia publicó Ain’t Nothing But, una colección de versiones grabadas en directo que volvió a situarla entre las nominadas a los premios del blues británico.
En 2022 lanzó Shining in the Half Light, grabado en Devon durante el confinamiento y producido por Dan Weller. El álbum, escrito en colaboración con músicos de distintos países, fue concebido mientras Bailey estaba embarazada y llegó a escuchar las mezclas finales desde el hospital, a la espera del parto. A pesar de las dificultades —incluida una infección por COVID-19 semanas antes del lanzamiento—, el disco se convirtió en uno de los más celebrados de su carrera.
En 2024 firmó con Cooking Vinyl y publicó Beneath the Neon Glow, que consolidó su presencia en las listas oficiales. Dos años después, Can’t Take My Story Away prolonga esa línea ascendente: un álbum que reafirma su identidad como narradora, intérprete y arquitecta de un sonido que combina raíces, vulnerabilidad y una fuerza vocal que parece haber nacido para atravesar la adversidad.
🎧 Escucha crítica — Can’t Take My Story Away
Can’t Take My Story Away se abre con la canción que da título al álbum, un tema que funciona como declaración de intenciones y como punto de partida emocional. Bailey escribió la pieza junto a Dan Bettridge, pero fue Luke Potashnick quien la llevó a su territorio sonoro definitivo: un equilibrio entre raíces americanas, soul contemporáneo y una producción cálida que deja espacio a la voz. La letra gira en torno a la idea de recuperar la propia historia, incluso cuando otros intentan moldearla o apropiársela.
Bailey lo resume así: “Trabajamos mucho en esos temas de empoderamiento y de alejarse de relaciones que intentan controlarte. Porque incluso en el dolor de marcharse, también hay libertad.” La canción avanza con una mezcla de vulnerabilidad y determinación, abriendo el álbum como quien abre una puerta hacia un territorio íntimo y luminoso. En ese gesto late también una frase que condensa el espíritu del tema —“my story is my own” (mi historia me pertenece)—, un recordatorio de que la identidad no se negocia.
Ese impulso encuentra continuidad en “Growing Roots”, una de las piezas donde mejor se percibe la evolución personal de Bailey durante los tres años de creación del disco. La propia artista lo explica con una imagen que condensa el conflicto central: “I love it when the wind blows wild / And the sun sets the sky on fire / And I can barely stop myself from leaving everyone behind.” «Me encanta cuando el viento sopla salvaje / y el sol enciende el cielo / y apenas puedo evitar dejar a los demás atrás.»
La canción oscila entre el deseo de movimiento constante y la necesidad de echar raíces, entre la carretera y el hogar. Musicalmente es luminosa, con un vaivén rítmico que recuerda al folk americano más expansivo y una voz clara, abierta, casi celebratoria. Es una canción de amor, sí, pero también de reconciliación consigo misma.
La melancolía aparece en “Better Days”, un homenaje a Matt Long, cantante y guitarrista de Catfish, fallecido en 2025. Bailey contó que, tras su muerte, los padres de Long le mostraron esta canción que él había escrito, y ella decidió llevarla al escenario acompañada de amigos. El tema conserva esa mezcla de duelo y gratitud: un mensaje sencillo, casi desnudo, que se sostiene en la interpretación vocal y en un arreglo que respira con delicadeza.
Es una de las piezas más emotivas del disco, no solo por su origen, sino por la forma en que Bailey la convierte en un acto de memoria compartida. Esa luz que atraviesa la tristeza se resume en una línea que funciona como abrazo colectivo —“People, I know we’re bound for better days” («Gente, sé que nos esperan días mejores»)—, un recordatorio de que incluso en el duelo puede asomar una forma humilde de esperanza.
“Blessed” introduce un tono más íntimo y contemplativo, con cuerdas elegantes y un punteo de guitarra que sostiene la voz. Bailey canta: “The silent madness of midnight / Have all the stars lost their shine? / Your song pulls me back from the edge / When nothing feels right.” «La locura silenciosa de la medianoche / ¿han perdido todas las estrellas su brillo? / tu canción es la que me hace volver del borde / cuando nada parece correcto.»
La canción nació de una sesión de composición con Ash Tucker y fue completada junto a Potashnick, reflejando la evolución de Bailey tanto en confianza como en artesanía. Es un tema que habla de ser amado «exactamente por quien eres», y esa aceptación se traduce en un arreglo cálido, casi suspendido.
El álbum toma un giro más rítmico con “Constant Need to Keep Going”, una pieza que Bailey describe como un proceso “guiado por los músicos en la sala”. Ethan Johns preguntó cómo imaginaba la canción, y al devolverle la pregunta, él comenzó a improvisar suavemente en la batería. La banda se unió de forma orgánica, creando un sonido melancólico y reflexivo que se siente muy real. La percusión fluye como un río, desbordándose sobre el bajo y la guitarra, mientras la voz avanza con una mezcla de cansancio y determinación.
Ese pulso emocional queda encapsulado en una línea que atraviesa toda la canción —“There’s a constant need to keep going / And I don’t know where to go” («Hay una necesidad constante de seguir adelante / y no sé hacia dónde ir»), un reconocimiento honesto de la inercia y la incertidumbre que sostienen el tema.
El disco respira hacia dentro con “Take a Step Back”, una pieza que funciona casi como un paréntesis emocional. Tras la energía orgánica de la pista anterior, aquí Bailey se detiene, observa y se observa. La producción de Potashnick apuesta por la contención: guitarras limpias, un pulso rítmico suave y una voz que avanza con una mezcla de claridad y cansancio.
Es una canción sobre la necesidad de frenar, de tomar distancia para no perderse en el ruido. No hay dramatismo, sino una especie de lucidez tranquila, como si Bailey estuviera afinando su brújula interna antes de seguir adelante. Esa idea queda resumida en una línea que actúa casi como un consejo íntimo —“You gotta learn how to take a step back” («Tienes que aprender a dar un paso atrás»), un recordatorio de que a veces la única forma de avanzar es detenerse.
“How Do You Do It” introduce un cambio de color. Más directa, más rítmica, más cercana al soul contemporáneo, la canción juega con la idea de la fascinación y el desconcierto ante alguien que desarma nuestras defensas. Bailey canta con un filo juguetón, apoyada en una sección rítmica que avanza con soltura y en unos coros que amplían el espacio emocional. Esa mezcla de atracción y desorientación queda encapsulada en una pregunta que atraviesa toda la canción —“How do you do it like that?” («¿Cómo lo haces así?»)—, una línea que resume la vulnerabilidad y el magnetismo que sostienen el tema.
Es una de las piezas donde más se nota la mano de Potashnick en la arquitectura del sonido: cada instrumento entra y sale con precisión, sin saturar, dejando que la voz respire. Tras varios temas marcados por la introspección, este aporta ligereza sin perder profundidad.
Esa ligereza se transforma en desgarro en “Angel”, quizá la interpretación vocal más intensa del disco. Bailey recuperó una letra escrita en 2023, en un momento de depresión y miedo tras perder temporalmente la voz. Originalmente concebida como una balada junto a Aaron Lee Tasjan, la canción renació cuando Bailey, ya recuperada, improvisó una melodía completamente nueva y se la envió a Potashnick. El resultado es un guiño irresistible al blues y a la Motown, con una sección de metales jubilosa y una voz que canaliza el espíritu de Janis Joplin: áspera, vulnerable, encendida.
Es una canción sobre el síndrome del impostor, pero también sobre la fuerza que aparece cuando uno se atreve a mirarse sin filtros. Esa mezcla de fragilidad y consuelo se condensa en una línea que actúa como promesa íntima —“Whenever you’re lost to the darkness / I’ll be your angel” («Cuando te pierdas en la oscuridad / seré tu ángel»)—, un gesto de acompañamiento que ilumina el corazón del tema.
La atmósfera cambia de nuevo con “Dandelion”, una reflexión sobre la resiliencia colectiva. Bailey habla aquí del estoicismo cotidiano, de la capacidad humana para seguir adelante incluso cuando el viento sopla en contra. La producción es sobria, casi minimalista, permitiendo que la letra y la interpretación lleven el peso emocional. En lugar de buscar la épica, la canción apuesta por una verdad sencilla: un recordatorio de que la resistencia no siempre es ruidosa. Esa idea se cristaliza en una imagen que atraviesa toda la pieza —“to grow like dandelions in the dust” («crecer como dientes de león en el polvo»)—, una metáfora de fragilidad y fortaleza que resume el espíritu del tema.
“Tightrope” profundiza en esa línea, pero desde un ángulo más íntimo. Bailey aborda aquí sus experiencias de salud mental, caminando sobre la cuerda floja entre la estabilidad y el desbordamiento. La música acompaña ese equilibrio precario: guitarras que avanzan con cautela, una percusión contenida, cuerdas que aparecen como un susurro. No hay dramatización, sino honestidad. Es una de las canciones donde más se siente la madurez de Bailey como narradora: no explica, muestra. Esa tensión entre fragilidad y resistencia se resume en un verso que actúa casi como una ley amarga —“The harder you hurt / The brighter you burn” («Cuanto más duele, más brillas»)—, una constatación de cómo el dolor y la intensidad emocional pueden convivir en un mismo gesto.
El disco se cierra con “Starling”, un tema de piano desnudo que funciona como despedida y como homenaje. Bailey lo escribió tras la muerte de un amigo cercano, y la canción conserva esa fragilidad luminosa de las pérdidas que aún duelen pero ya no hieren. Su voz aparece casi sin adornos, sostenida por un piano que respira con ella.
Es un cierre íntimo, silencioso, que recoge todos los hilos del álbum —duelo, empoderamiento, memoria, transformación— y los deja caer con delicadeza. No hay resolución, solo aceptación. Esa mezcla de dolor y liberación se condensa en una imagen que atraviesa la canción —“I’ll call you starling / Fly with the wind” («Te llamaré estornino / vuela con el viento»)—, un gesto de despedida que convierte la ausencia en vuelo.
Can’t Take My Story Away termina así, en un susurro que no se apaga, sino que permanece. Es un disco que rehúye la imposición y prefiere acompañar; que en lugar de proclamar, comparte. Un álbum que confirma a Elles Bailey como una narradora capaz de convertir su historia —sus heridas, sus dudas, sus victorias— en un espacio donde otros también pueden reconocerse.
🎼 Cierre
Can’t Take My Story Away es, ante todo, un álbum de afirmación. No en el sentido grandilocuente del término, sino en el más íntimo: el de una artista que ha aprendido a escucharse, a sostenerse y a reconocerse en su propia historia. Bailey convierte tres años de trabajo —y casi una década de canciones dispersas— en un relato cohesionado donde cada pieza ocupa su lugar, como si el tiempo hubiera estado esperando a que todas encajaran.
La producción de Luke Potashnick aporta una unidad sonora que nunca pesa: guitarras que respiran, cuerdas que iluminan sin invadir, una sección rítmica que avanza con naturalidad y una voz que se mantiene siempre en el centro, no por volumen, sino por verdad. El disco confirma algo que ya se intuía en Shining in the Half Light y Beneath the Neon Glow: Bailey ha encontrado un lenguaje propio, un equilibrio entre raíces americanas, soul contemporáneo y una sensibilidad narrativa que la distingue dentro de la escena británica.
Pero lo que hace especial este álbum no es solo su sonido, sino su arco emocional. Desde la determinación del tema titular hasta la fragilidad luminosa de “Starling”, pasando por la introspección de “Take a Step Back”, la resiliencia de “Dandelion” o el desgarro de “Angel”, el disco traza un mapa de transformación personal. No es un viaje lineal, sino un movimiento de ida y vuelta entre la duda y la claridad, entre la herida y la reconstrucción.
Bailey evita las respuestas fáciles y apuesta por la compañía, por la claridad y por una escritura que se sostiene en la experiencia. Ahí se concentra la fuerza del álbum. Can’t Take My Story Away es una afirmación de identidad, un gesto de resistencia íntima frente al ruido.
Un disco que permanece en la memoria.


