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Ivan Jablonka “Historia de los abuelos que no tuve” Anagrama/Del Zorzal 2022

En el libro que comenté hace unos días, “Páginas de vuelta a casa”, Alexander Wolff ahondaba en el pasado de su padre y en el de su abuelo, que vivieron los tiempos convulsos de la Alemania nazi. A su abuelo sí lo llegó a conocer, a pesar de fallecer cuando él contaba solamente con seis años.

El caso de Ivan Jablonka es similar en cuanto a la investigación en el pasado de sus abuelos, pero trágico; tal como alude el título del libro, no los llegó a conocer, debido a su exterminio en Auschwitz.

Ivan Jablonka (Foto: La Vanguardia)

Si a Alexander Wolff, su padre apenas quiso contar nada de su pasado en Alemania, a Jablonka, su padre no es que no le quiera contar nada sobre sus padres, es que sabe poco, porque los perdió siendo muy pequeño y en algún intento por saber, apenas obtuvo información.

Así pues, las intenciones de Jablonka son las de una investigación como historiador (recordemos que es profesor de historia), de toda la trayectoria de sus abuelos:

“Partí, como historiador, tras las huellas de los abuelos que no tuve. Sus vidas se terminan mucho antes de que la mía comience: Mates e Idesa Jablonka son tan parientes míos como absolutos desconocidos. No son famosos. Se los llevaron las tragedias del siglo xx: el estalinismo, la Segunda Guerra Mundial, la destrucción del judaísmo europeo».

Ivan Jablonka “Historia de los abuelos que no tuve” Ed. Anagrama, 2022 (Las sucesivas citas se referirán al mismo autor y libro o contendrán las notas explicativas).
Parczew, Polonia, 1939. Lugar de nacimiento abuelos del autor (Foto: Szukamypolski.com)

Como Alexander Wolff, visitará el lugar de origen de sus abuelos. Acompañado de Audrey, guía e interprete; Bernadetta, profesora de francés en Wlodawa; visitan el lugar de nacimiento de sus abuelos en Parczew, pequeña villa polaca. Visitan el cementerio judío. Hay una lápida con un texto recordatorio de soldados polacos y judíos asesinados por los alemanes hitlerianos.

Partisanos judíos y polacos, bosque de Parczew, 1944 (Foto: US Holocaust Memorial Museum)

Más tarde se dirigen a la sinagoga, construida a finales del siglo XIX, como alivio de la antigua sinagoga de madera (foto inferior), hoy destruida. La sinagoga que pervive hoy, se ha reconvertido para venta de ropa.

Antigua Sinagoga judía de Parczew (Foto: Yivo Institute for Jewish Research)

Acuden a casa de Marek Golecki, cuyo padre, Ludwig, fue teniente del ejército polaco y ayudó a un buen número de judíos, siendo nombrado “Justo entre las Naciones”.

Ludwig Golecki con su hijo Marek (Foto: Teatrnn.pl)

En la municipalidad enseñan a nuestro historiador, algunos documentos de sus abuelos. De su abuela Idesa, que parece ser hija ilegítima, su madre se llamaba Ruchla Korenbaum. Nacida en 1914, el acta de nacimiento no está, pero sí el de matrimonio, dos décadas más tarde:

“De regreso a Francia, tendré ocasión de verificar, en el acta de nacimiento de mi padre, que Idesa se llama más exactamente Korenbaum vel Feder, el polaco vel significa en este contexto “llamada”, “conocida con el nombre de”. Ilegítima, pues, pero no abandonada, ya que lleva el apellido de su padre, el señor Feder. De niña, Idesa vive con su madre, Ruchla Korenbaum, con un hermano de quien no sé nada, y quizá con su padre. En ídish, Feder significa ‘pluma’ y Korenbaum, ‘árbol con corteza’, lo cual no quiere decir nada. La poesía de los apellidos».

Obtiene el acta de su abuelo, Mates, nacido en 1909, pero descubre que tiene cinco hermanos; Shmuel, fallecido a los dos años; Simje y Reizl, que emigrarán a Argentina posteriormente; Hershl y Henya que emigrarán a Rusia.

Mates, Henya y Hershl a finales años veinte (Foto: Archivos familiares Ivan Jablonka)

“Una foto muestra a los tres menores uno o dos años antes de la encarcelación. A la derecha, Hershl, un poco atolondrado, un poco bizco, lleva una gorra que le queda grande. A la izquierda, Mates, el mentor de los hermanos. Con la gorra bien puesta, el pecho en alto, un enorme tapado negro que le hace un físico de atleta (en realidad, mide 1,62 metros), ocupa la mitad de la foto. Su mirada distante, metálica, capta los ojos de quien lo mire, pero sus cejas claras arqueadas confieren a su rostro una expresión de sorpresa (“¡Es increíble cómo tu padre se le parece!”, exclama mi mujer al ver la foto). Apretada entre sus dos hermanos, Henya es una preciosura; luce una boina y mira poéticamente el vacío. Parece tener unos 12 o 13 años: estamos a finales de los años veinte».

Sus padres se llaman Shloyme y Tauba. El padre parece ocuparse de los baños del pueblo. Nos habla el autor del amargo destino de ambos progenitores, con más dudas en el padre de sus abuelos:

“Nadie sabe cómo terminó. En la familia, unos afirman que muere de tifus siendo muy mayor, antes de la guerra, otros que fue asfixiado en un cámara de gas en Treblinka, con toda la comunidad judía de Parczew, y yo leo en el Yizker Bukh que un tal Shloyme Jablonka, en plena “acción” nazi, tras haber escondido en su sótano a una vecina y a sus hijos, va a la plaza para ver qué ocurre y no regresa nunca más (Zonenshayn, 1977: 176). La historia es creíble, pero es imposible saber si se trata de él, ya que los homónimos abundan. Tauba es deportada a Wlodawa antes de ser asesinada en un campo cercano, quizá Sobibor. Lo sabemos por la tía Reizl, que lo supo por Yozef Stern, un vecino de Parczew exiliado a Canadá después de la guerra».

Ivan se documenta, pudiendo comprobar que hablaban ídish en los shtetls (villas de población judía). Mates habla mejor ídish que polaco, en cambio Idesa, tiene un habla ídish elemental, pero mejor polaco al ir a la escuela. Mates se ganará la vida como artesano del cuero.

Visitan la plaza desde donde salieron deportados miles de judíos y nos deja constancia el autor de las atrocidades que se originaron desde allí:

“Marek, Audrey y yo damos la vuelta al Rynek, plaza tranquila donde los viejos se sientan en los bancos a tomar aire fresco, a la sombra de los castaños. Del otro lado de la calle, se alinean los negocios (una juguetería, una peluquería) pintados en tonos pastel, rosa y celeste, malva y beige, color siena. El 23 de julio de 1942, se rastrilló el gueto de Parczew, y de esta plaza deportaron a 4.000 personas hacia Treblinka.

Después de una segunda Aktion en octubre de 1942, otras 2.500 personas (originarias de Parczew o refugiados de toda la región) son deportadas a Treblinka. Cientos de ellas logran escaparse al bosque cercano, mientras que los últimos judíos son enviados al campo de trabajo de Miendzyrec Podlaski, a 50 kilómetros al norte».

Shmuel Spector (2001) “Parczew”, en The Encyclopedia of Jewish Life Before and During the Holocaust, vol. 2, Nueva York, New York University Press

Constata el autor, la ignominiosa limpieza étnica promulgada por Hitler, pues apenas se ven rastros judíos:

“En el jardín público de Parczew, sólo hay dos placas, la gris claro y la gris oscuro, en memoria de los 280 soldados judíos del derrotado ejército polaco, ejecutados en la ruta mientras eran transferidos. ¿Qué fue de los judíos de Parczew? Debía de haber miles de tumbas, familia Zonenshayn, familia Wajsman, familia Fiszman, familia Chtchoupak, familia Feder, familia Jablonka, ricos, pobres, artesanos, vendedores de pescado, rabinos del siglo xvii, el pequeño Shmuel fallecido a los 2 años. No queda más que pasto y árboles».

Por la influencia del comunismo; que en un principio protegía a los judíos, aunque más tarde tendrían lugar las represiones estalinistas antisemitas; los hermanos, abrazarán sus fundamentos. Mates con 20 años e Idesa con 15, comienzan a militar en las Juventudes comunistas. Puede que allí afianzaran su relación sentimental:

“Mis abuelos son comunistas. Luchan por construir una sociedad sin clases, liberada de la explotación, la miseria, la opresión, la religión, el antisemitismo, la guerra, el nacionalismo, incluido el sionismo».

Ambos sufrirán la represión polaca y acabarán en la cárcel en varias ocasiones, con una última pena de varios años y sufriendo castigos severos, como bien se documenta el autor en las revelaciones de Gitla Leszcz:

“En junio de 1933, en Debowa Kloda, muy cerca de Parczew, detienen a Gitla Leszcz, una joven comunista judía. La policía había descubierto unos panfletos que estaban escondidos en un fardo al lado de la casa. “Cuando vinieron a agarrarme, los agentes me obligaron a caminar el trayecto de Debowa a Pinsk y fui golpeada e insultada en todas las comisarías donde parábamos. Llegué a Kowel completamente exhausta, con los pies ensangrentados, pues había caminado descalza. Fue en la cárcel de Kowel donde comenzaron las verdaderas torturas: me arrancaron las uñas de algunos dedos de ambas manos, lo cual aún hoy se nota. También me pusieron en las piernas un tizón ardiente. Las torturas duraron tres días y tres noches. Me infligían tablazos en la espalda, para que no quedaran huellas, hasta el momento en que me salía sangre de la nariz, la boca y las orejas».

(Archivo privado, autobiografía de Gitla Leszcz (Gisele Gardebled), sin lugar ni fecha, en los años cincuenta. Agradezco a su hijo Serge por haberme permitido el acceso a este documento. Ivan Jablonka)

Mates, por una ley de amnistía, saldrá de la cárcel tras dos años y medio, en diciembre de 1936, “por su parte, Idesa es liberada a comienzos de 1937 a causa de su enfermedad psíquica adquirida en la cárcel. Hoy diríamos “depresión nerviosa”; a la luz de lo que precede, se pueden imaginar los padecimientos que sufrió». (BDIC, LDH, F delta res. 798/375, expediente de Idesa Feder, visita del 27 de mayo de 1938.)

Las condiciones de vida para Mates e Idesa son cada vez más difíciles. Antisemitismo, persecución actividades comunistas, crisis económica y puede que incluso la posición adversa de Stalin. Urge salir de la villa y del país:

“Estas son, pues, las razones del exilio de Mates: el antisemitismo popular y oficial, la crisis económica, la ausencia de perspectivas y, elemento disparador, la represión.

Por último, hay un factor que nunca sabré si pesó o no en la balanza: la destrucción del KPP por parte de Stalin».

Nota: KPP – Komunistyczna Partia Polski (Partido Comunista Polaco)

El destino será Francia. Ivan documenta el exilio judío polaco de entreguerras:

“En los años de entreguerras, cerca de 400.000 judíos abandonan el territorio polaco con rumbo a Francia, Palestina, América del Norte y del Sur».

Norman Davies (1981) God’s Playground. A History of Poland, vol. 2, 1795 to the Present, Oxford.

Su hermano Simje ya había emigrado en 1931 a Argentina, donde tenía dos amigos. Reizl se une a él en 1936. Hershl y Henya, los menores emigrarán a la Unión Soviética en 1939. Hershl acabaría en Bakú y Henya en Israel.

En Francia, Idesa tiene unos primos. Mates irá primero. Pero antes de emigrar, se casan en 1937:

“Justo antes de separarse, Mates e Idesa oficializan su relación. El matrimonio se celebra el 26 de junio de 1937, a cargo del sub-rabino de Parczew (posiblemente el rabino Epstein, que casó a Simje y a Raquel seis años antes, hubiera fallecido): un artesano del cuero de 28 años, de “confesión mosaica”, toma por esposa a una joven de 23 años, también de “confesión mosaica”».

Municipalidad de Parczew, registro civil, registro rabínico, matrimonio de Mates Jablonka con Idesa Feder (26 de junio de 1937, a las 22 horas.

No tiene constancia Ivan, de los contratiempos que atravesó su abuelo hasta llegar a Francia:

“De Mates, lo único que sé –al menos es lo que él declara a la policía– es que entra a Francia “por la frontera belga, a pie, en compañía de tres compatriotas”, luego de haber pagado 150 zlotys a un pasador. El 30 de agosto de 1937 está en París».

Idesa, medio año después se reunirá con su marido tras llegar exhausta y medio descalza, como refleja la policía fronteriza en un documento. Ambos tenían todas las esperanzas puestas en Francia:

“Dos refugiados entre decenas de miles, dos gotas de agua en un océano de desamparo: italianos huyendo del fascismo, alemanes escapando del nazismo, judíos de Alemania o de Europa del Este echados de sus países, a los que se suman, a partir de 1938, ciudadanos de la ex Austria y de la ex Checoslovaquia anexadas por Hitler y, a partir de 1939, españoles que retroceden frente al asalto franquista. Por esa fecha, en Francia se registran más de 60.000 refugiados judíos de Europa Oriental, de los cuales 42.000 son ilegales, y medio millón de republicanos españoles».

Vicky Caron (2008) “L’Asile incertain. La crise des réfugiés juifs en France”, 1933-1942, París, Tallandier; Anne Grynberg (1994) “L’accueil des refugies d’Europe centrale en France” (1933-1939) Les Cahiers de la Shoah, n.° 1”.

Lamentablemente como irá constatando Jablonka, sufrirán contratiempo tras contratiempo. Los mayores problemas, se debían a la regularización de su situación. En su investigación, el autor logra unos documentos del Ministerio del Interior donde sorprendentemente, sus abuelos no figuran como judíos, como bien podría pensarse:

“Mates e Idesa no son ante todo inmigrantes judíos –Ménilmontant, máquina de coser, acento ídish–, sino extranjeros ilegales; y por tal motivo, son vigilados por el Ministerio del Interior».

Figurarán como ilegales. A pesar de acudir Mates a todas las organizaciones posibles e incluso intentar pedir asilo en la embajada Suiza en Francia, con resultado infructuoso. Tienen orden de expulsión y tendrán que vivir en clandestinidad:

“El miedo es tanto más invasivo y corrosivo cuanto que la clandestinidad es una actividad de tiempo completo. Hay que evitar los lugares públicos donde las redadas son frecuentes, huir de las “golondrinas”, esos agentes ciclistas que controlan a los inmigrantes, aprender a balbucear en francés, trabar contactos en el negocio de la confección o el calzado, trabajar en negro evitando a los explotadores, cuidar de no enfermarse ni lastimarse, ser capaz de mudarse en una noche. Los trámites van comiendo el día a día. Cuenta Werner Prasuhn: “Mendigué prórrogas y plazos de gracia. Cada ocho días, subía al quinto piso de la Prefectura de Policía y, desde la mañana hasta el cierre, esperaba ese sellado que me permitiría existir un poco más».

Claude Vernier (1983) “Tendre Exil. Souvenirs d’un refugie antinazi en France”, La Découverte.

Tal como cuenta nuestro autor, parecen sobrevivir gracias al Socorro Popular, la venta de algún artículo de cuero, alguna ayuda de los primos de Idesa y algún dinero llegado de la Argentina. En estas condiciones de supervivencia, nacerá la tía del autor, Suzanne, en enero de 1939 y poco más de un año más tarde, Marcel, su padre: “El acta de nacimiento de mi padre, de abril de 1940, dice que Mates es “tapicero”».

Junto a su padre, el autor se emociona al encontrar datos sobre Mates. Es encarcelado unos días en mayo de 1939 y trasladado a Fresnes. Allí pasará un mes y será liberado, debiendo 100 francos de multa. Esos hallazgos sobre sus abuelos justifican el sentido que su oficio de historiador tiene para él, en una reflexión conmovedora:

Damos vuelta las páginas febrilmente. Qué emoción: ahí está.

Creo que quise ser historiador para hacer este descubrimiento algún día. La distinción entre nuestras historias de familia y lo que quiere denominarse Historia, con su pomposa mayúscula, no tiene sentido. En rigor de verdad es lo mismo. No están, por un lado, los grandes de este mundo, con sus cetros y sus intervenciones televisadas y, por el otro, el vaivén de la vida cotidiana, las iras y las esperanzas sin porvenir, las lágrimas anónimas, los desconocidos cuyo nombre se oxida en el pedestal de un monumento dedicado a los muertos o en algún cementerio del interior del país. No hay más que una única libertad, una única finitud, una única tragedia que hace del pasado nuestra mayor riqueza y la fuente de veneno en la cual se sumerge nuestro corazón. Hacer historia es prestar el oído a la palpitación del silencio, es intentar sustituir la angustia, intensa hasta el punto de bastarse a sí misma, por el respeto triste y dulce que inspira la humana condición».

Poco después de salir en libertad, Mates se alista voluntario en el ejército francés. El gobierno concede documentos de identidad extendiendo las permanencias. También se beneficia Mates de la exención del pago de la cárcel. Las condiciones en el frente son duras. Obtiene un permiso para el nacimiento del padre del autor.

“Una foto algo borrosa la muestra con el pequeño Marcel en brazos, unos seis meses después. Están en un sitio no identificado, delante de lo que parece ser un bosquecito o una tapia cubierta de hiedra. El bebé, con escasos cabellos negros, está con los ojos cerrados y la boca abierta, apretando los puños. Es imposible saber si está gritando o bostezando. Idesa mira el objetivo desde abajo, lo cual, por un efecto de sombra, agranda sus cejas y le da un aire provocador. Sus dos manos agarran firmemente el enterito blanco del niño. Sonríe con orgullo de madre, con las mejillas ahuecadas por un hoyuelo como si dijera: “No, muchachito, no te me escaparás”».

Idesa con el pequeño Marcel, padre del autor, fin 1940 ((Foto: Archivos familiares Ivan Jablonka)

El 22 de junio de 1940 se firmará el armisticio entre Francia y Alemania. Mates regresará junto a Idesa y sus hijos. Si para acudir al frente a Mates le otorgó beneficios el gobierno francés, una vez terminada la contienda su situación irregular no cambiará. El Régimen colaboracionista de Vichy, hará redadas frecuentes. Mates e Idesa, tendrán que vivir como ratas en el Pasaje de Eupatoria.

Pasaje de Eupatoria, años 40 (Foto: René-Jacques / BHVP / Roger-Viollet)

La situación cada vez es más complicada. Al Régimen de Vichy, no le importa detener a judíos y extranjeros para contentar al mando alemán. Llegará el turno para Mates e Idesa:

“Mates e Idesa son arrestados en el pasaje de Eupatoria, número 17, el 25 de febrero de 1943, muy temprano, a la hora del barrendero y del lechero».

Mates e Idesa, sabiendo del peligro que corrían en ese tiempo, estaban confiando los niños a un vecino polaco, pudiendo salvarse del apresamiento. Sus abuelos serán conducidos al campo de internamiento de Drancy y deportados a Auschwitz el 3 de marzo de 1943. Esa fecha es la que figurará como acta de fallecimiento de sus abuelos, en el Registro Civil de París, al no tenerse ya constancia de la fecha de su muerte en Auschwitz. Jablonka por sus investigaciones sabe que no perecieron nada más llegar.

Campo de Internamiento de Drancy, Francia. Diciembre 1942 (Foto: Archivo Yad Vashem)

Los niños, entre unos conocidos y el Comité Amelot, serán resguardados hasta que definitivamente, “La Comisión Central de la Infancia, emanación de la UJRE, comenzaba a abrir hogares: a principios de 1945, Suzanne y Marcel fueron enviados junto con otros huérfanos judíos a Rancy-Coteaux, en las afueras de París».

Una vez que Ivan Jablonka termina sus investigaciones, emociona por sus sinceras reflexiones que lindan con la impotencia de sentir que todo su trabajo no haya servido para nada, ya que el fin de sus abuelos es el mismo, la pérdida atroz en el abominable Auschwitz. Se añade, por otra parte, la inmersión en un pasado que semeja una pesadilla continua:

“Mi investigación llega a su fin. A la mañana, recibo a todos para tomar el desayuno, los ojos me arden, azorado. Mi estudio no me ha traído paz. Soy capaz de mirar de frente sus vidas y sus muertes, pero siempre seguiré siendo ese chiquito acostado sobre una tumba, con sus dioses velando por él. Sus muertes fluyen en mis venas, no como un veneno, sino como mi propia vida. Para mis hijas, sueño con algo distinto: proclamar la dignidad de un hombre y de una mujer cuyas muertes son un hito, no un destino. Para mí, ya es demasiado tarde.

Vivir en el pasado, y particularmente en ese pasado, es enloquecedor. Pero la verdadera causa de mi insomnio es el fracaso».

Pero sí reconoce Ivan, que al menos sus investigaciones tienen como fruto, rescatar del olvido la vida de sus abuelos, sirviendo a su vez de catarsis, tan necesaria para el propio autor:

“Mi revuelta, muy débil revuelta a decir verdad, se erige contra el olvido y el silencio, contra el orden de las cosas, la indiferencia, la banalidad. Mi investigación llega a su fin, sus vidas también. Pero este final también es una liberación, pues ahora han sido devueltos a su vitalidad nativa, al torrente: seres irreductible y desmesuradamente hechos para la vida. En el momento de la separación, quisiera decirles que los quiero, que pienso en ellos a menudo, que admiro su vida tal y como la vivieron, su libertad tal y como la enarbolaron, que siento gratitud para con ellos porque les debo mi vida en Francia, un país en paz, libre y rico –aunque quizá ellos no vieran así las cosas–».

ldesa Jablonka 1914, Mates Jablonka 1909. Mur des Noms, Mémorial de la Shoah, Paris, année 1943)

El libro de Ivan Jablonka es formidable. Una investigación de campo que se extiende a sus visitas a Polonia, Israel, Argentina, Estados Unidos y Francia. Lugares donde se mantienen los rastros de sus antepasados. Maneja el autor, textos en ídish, hebreo, polaco, español, inglés, alemán, y por descontado en su francés natal. Por otra parte, incluye fragmentos apropiados de testimonios reflejados en documentos o libros, que complementan e ilustran eficientemente, los devenires de la vida de sus abuelos. El autor refleja los estados de ánimo propios y de su progenitor ante el avance de las investigaciones y las testificaciones de personas vinculadas directa o indirectamente con sus abuelos, constatándolo de manera serena y emotiva en su exposición. Y, fundamentalmente, es un rescate del olvido de Mates e Idesa; dos nombres que como tantos otros no fueron anónimos por más que tratara de borrar sus rastros, la deleznable maquinaria alemana nazi de una época funesta de la historia.

(“Histoire des grands-parents que je n’ai pas eus. Une enquête” © Ivan Jablonka, Editions du Seuil, 2012)

“Historia de los abuelos que no tuve” Ivan Jablonka

Editorial Anagrama (Colaboración con Libros del Zorzal), 2022 🔗

Colección Panorama de Narrativas

Traducción de Agustina Blanco

424 Páginas

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