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Kate Zambreno «Mi libro madre, mi libro monstruo» La Uña Rota 2022

Kate Zambreno tras la pérdida de su madre, víctima de un cáncer, se planteó la escritura de un libro de duelo. Pero el libro no acababa de plasmarse y lo abandonó, para retomarlo en el décimo aniversario de su fallecimiento y finalizarlo tres años más tarde.

Kate Zambreno ©Tom Hines

Comienza el libro Kate, con un sueño recurrente a través de los años, sobre una experiencia de cuidadora cuando contaba con 18 años, en casa de una mujer con lagunas mentales. Alberga sentimientos de culpa, al cobrar por un trabajo que ella consideraba nimio, además de abandonar un día a la mujer. Esos sentimientos de fracaso y culpa, se van a repetir a lo largo de la obra —de su vida—:

«Esa experiencia del fracaso. Que se repite a lo largo de mi vida.

Digo que volveré, aunque no siempre lo hago: después dejo de ir definitivamente. No recuerdo bien por qué. Me pregunto si tiene que ver con la sensación de no poder acabar el proyecto, de no comprender el proyecto, de ser incapaz de poner un poco de orden en el caos, fuera de mí, dentro…

Qué crueldad. La abandoné sin más. Quizá por eso aún se me aparece»

Kate Zambreno “Mi libro madre, mi libro monstruo” La Uña Rota, 2022 —Las sucesivas citas sin mención, tienen como referencia la misma autora y libro—.

El recuerdo que pervive en su mente, de los tiempos de su infancia, refiere a su madre dedicada a la limpieza:

«Toda mi infancia recuerdo a mi madre limpiando».

La perdida de control de la casa, una vez establecida la funesta enfermedad, percibía Kate que era lo que más atormentaba a su madre:

«Lo que más temía mi madre, cuando todo se volvió un caos, era haber perdido el control de su casa, lo que para ella significaba caer en el desorden, aunque desde fuera se viera todavía impecable».

Kate no establece una narración o diario al uso. Ella va introduciendo textos y referencias a autores, artistas o personajes en su investigación y búsqueda, esencialmente mujeres: Anne Sexton, Antígona, Marilyn Monroe, Medea, Ofelia, Sylvia Plath, Zelda, Barbara Loden, Nella Larsen, Susan Sontag, Chantal Akerman, Virginia Woolf… Pero también introduce autores masculinos, muy significativamente a Henry Darger, pero también a Roland Barthes, Beckett, Borges, Peter Handke

Hay una artista polifacética, Louise Bourgeois, cuyas referencias serán constantes a lo largo de la obra. Artista que como Kate, aborda el mundo de los recuerdos. Citará varios trabajos suyos, como Celda (Choisy) 1990-93:

«Cuando le preguntaron por qué la jaula parece una cárcel, respondió:

Es porque soy prisionera de mis recuerdos. Soy prisionera de mis recuerdos y mi meta es deshacerme de ellos”».

Louise Bourgeois
Celda (Choisy) Louise Bourgeois © Maximilian Geuter
The Easton Foundation / VEGAP

Los fragmentos de Kate conmueven frecuentemente, principalmente cuando evocan a su madre en su etapa final:

«Mi madre es en mi recuerdo una mujer glamurosa, distante y un tanto trágica, pero a veces cuando cierro los ojos me vienen imágenes en su lecho de muerte, con la boca completamente abierta como las estatuas de los santos en éxtasis. Imágenes que durante años provocaron que en público sintiera que me faltaba el aire.

No había mejor reliquia para mi madre que los cosméticos; mi madre, que se maquillaba con tanta devoción, un ritual que observé y que después me enseñó a repetir desde muy pequeña.

un mechón de pelo

un trozo de hueso

mi madre mi espejo».

Nos cuenta Zambreno como su madre se levantaba a las cinco de la mañana, para empezar tareas y estar sola, al igual que Sylvia Plath para escribir, antes de que sus hijos se despertaran. También vincula a su madre con Sexton:

«Mi extirpe es la de los dinosaurios, solía decir mi madre. Su linaje. Como el poema de Anne Sexton».

Al igual que Bourgeois, Henry Darger —artista marginal— ocupará gran parte de las reflexiones de la autora. Lee su monumental biografía. Se entera de que está enterrado en el mismo cementerio que su madre. Ello confiere una extraña conexión con su madre —con ella—:

«Cuando comencé este proyecto, hace ahora más de una década, leí en esta misma biografía de Henry Darger que lo enterraron en una fosa común en el cementerio de Todos los Santos en Des Plaines, Illinois. El mismo cementerio en el que mi madre está enterrada. Este hecho me inquieta, cataliza algo».

Henry Darger © David Berglund, 1971

La madre de Darger muere al dar a luz a su hermana. Sería separada de él, en adopción. Nunca la conocerá. Henry cuenta con cuatro años. Su padre se hace cargo de él hasta que con doce años lo entrega al orfanato. De adulto, quiso proteger a los niños:

«La madre de Henry Darger murió al dar a luz a una niña que después fue entregada en adopción. Darger tenía amor por los libros sobre huérfanos: Oliver Twist, Heidi, …

A Henry le obsesionaba proteger a los niños. Quizá lo que quería era proteger al niño que fue, el que tuvo que defenderse solo en el Orfanato, o a la hermana que nunca conoció, dada en adopción».

Además de su extensa biografía, Henry Darger, elaboró la obra, La Historia de las Vivians. Narración ilustrada con acuarelas. Tomaba los modelos de las niñas, de recortes de revistas. Su obra se descubrió tras su fallecimiento y póstumamente fue publicada.

Acuarela de las niñas Vivians, Henry Darger © MoMA

Cuenta la autora, como un biógrafo de Darger, lo calificaba de pederasta y psicópata al pensar que había asesinado a la niña, Elsie Paroubek. Otros autores proclaman su inocencia. Henry describe en La Historia de las Vivians, la secuencia de la muerte de la niña. La policia afirmaba que su descripción no concordaba con lo ocurrido realmente, además de no tener ninguna prueba incriminatoria contra él.

Conexiona el nombre de su madre con Dorothy Gale, personaje principal de El mago de Oz. Huérfana como Henry. Habla de la «supuesta» orfandad de Marilyn Monroe:

«Mi madre se llamaba Gale. Como Dorothy Gale.

Decía que era huérfana.

De Marilyn Monroe decían que era huérfana para ocultar que en realidad su madre estaba internada en un manicomio».

Kate nos explica la desubicación que se tiene, cuando muere la madre. La búsqueda de referentes maternos externos:

«LA MADRE es nuestro lugar de origen. Y cuando desaparece nos quedamos sin hogar. Buscamos otras figuras maternas a las que seguir, como una Rut huérfana deambulando por tierras extrañas para encontrar una madre».

La autora se obsesiona con la vida de Henry Darger. Visita los lugares que frecuentó, hace fotos…:

«Durante el día trabaja de conserje, hasta que tiene que jubilarse. Lleva un registro de lo que se tira a la basura, de los objetos perdidos. Es el custodio de todo lo que se abandona, en su habitación de la Avenida Webster, número 851. Me detengo delante de su edificio. Hago fotos. No sé qué estoy buscando».

Conecta también a su padre con Darger. Es coleccionista, como él:

«Es también, como Henry, un coleccionista que rebusca en el mundo objetos que le protejan».

También su padre, como Henry, está obsesionado con la Guerra de Secesión.

Kate, muestra la necesidad y a la vez el rechazo de destapar recuerdos:

«Si escribir es un modo de coleccionar, incluso de acumular recuerdos, ¿Qué quiere decir entonces renegar de ellos al mismo tiempo?«

La escritura como liberación de los recuerdos, como olvido:

«Escribir los recuerdos en un libro, como para poder liberarme de ellos. De estos trece años. Como una ofrenda, un sacrificio. Enterrarlos. Escribir no tanto como una forma de recordar sino de olvidar. O, si no de olvidar, como un intento de dejar atrás».

No visita la tumba de su madre hasta que no han transcurrido dos años, el Día de los Caídos. Le resultan absurdos los objetos con los que la gente adorna las tumbas, los fotografía:

«La primera vez que volví a visitar su tumba, un par de años después de su funeral, fue justo pasado el Día de los Caídos. Di una vuelta por el cementerio fotografiando los objetos que se habían dejado ahí, ramos de flores, ositos de peluche, como una tienda cursi de regalos para los muertos».

Nos habla la autora sobre el libro de duelo por la muerte de su madre, de Roland Barthes. Lo comenzó a escribir al día siguiente de morir, pero a la vez escribía otro libro sobre fotografía, y en él su madre también estaba presente:

«Cuánto impregna su madre también ese texto, mientras reflexiona sobre la fotografía como signo de la ausencia, de lo que no está ahí».

Cita también el libro de memorias sobre la madre, de Violette Leduc:

«Violette Leduc canaliza a su madre al comienzo de sus memorias, desea poder tragársela entera, canibalizarla».

Violette Leduc © Henri Cartier Bresson

La dificultad de reflejar lo sentido en el duelo, por escrito:

«¿Cómo prevenir el sentimiento que acompaña a un profundo duelo, registrarlo por escrito?».

Pero trata —aún así— de reflejar con palabras los sentimientos que tiene en el duelo por su madre:

«Algunos síntomas psicológicos del duelo:

Shock

Desesperación

Tristeza

Humillación

Anhelo

Me pregunto si alguna vez dejaré de anhelar».

Escritura de la ausencia:

«Qué significa escribir lo que no está. Escribir la ausencia».

Es consciente la escritora de ignorar parte del pasado de su madre:

«No fue hasta que me hice mayor que fui consciente y comprendí que mi madre llevaba a todos lados un misterio. Algo de su pasado que quedaba por articular. ¿Cuidaba con celo sus secretos? ¿Les ponía nombre?».

Por su padre, se entera de más secretos sobre su madre. Desconocía que estaba distanciada de su abuela. Su abuelo murió antes de Kate nacer. No lo conoció. También pensó que su madre había nacido en Nueva Jersey, pero su padre le revela que fue en Brooklyn y después se mudaron al Bronx:

«Ahora mi padre me cuenta que nació en Brooklyn y que después se mudaron al Bronx. Mi abuela trabajaba en el ayuntamiento y emitía permisos. Mi abuelo, Louis, de Austria, era camionero. Hay otra fotografía de mi abuelo de niño con calcetines hasta las rodillas tocando el violín cabizbajo. Parece un joven Kafka».

Volviendo a Kafka, nos entrega la escritora una cita suya donde se encuentra contenida la palabra «mutter», que compondrá el título original del libro:

Ayer se me ocurrió que si no siempre he querido a mi madre tanto como se merecía y como yo soy capaz de querer, es solo porque me lo ha impedido la lengua alemana. La madre judía no es una Mutter, llamarla Mutter la vuelve un poco rara…

Kafka

Katie empleará la palabra «mutter», para el título original del libro, Book of mutter. Mantiene la autora un doble juego de palabras, intraducible al castellano. Mutter en inglés, significa murmullo. En alemán, significa madre. Kate aceptó el título en castellano al no existir la ambigüedad original. El título en castellano se encuentra contenido en la cita siguiente de la autora —que como en inglés también mantiene una ambigüedad, un doble juego de palabras—, madremonstruo:

«Y cómo esta cosa se ha dilatado y contraído a lo largo de los años; mi libro madre, mi libro monstruo».

Edición original Semiotext(e)

Su madre, antes de casarse con el padre de Kate, tuvo otro marido y una hija, hermanastra de la autora:

«Se vino a vivir con nosotros durante un tiempo cuando yo tenía ocho o nueve años. Ella era adolescente entonces, dieciocho quizá, y apareció en nuestra puerta con el pelo cardado y una chaqueta de cuero».

Tenía celos de ella y deseaba que se marchara. Es sincera al reconocer su recelo hacia ella, incluso en el presente:

«En mi querido diario hacía planes sobre como destronaría a esta usurpadora. No sé por qué se fue. Recuerdo peleas y gritos en mitad de la noche.

Se fue y no la volví a ver.

Mentira.

Incluso ahora no me gusta escribir sobre ella. Dejo la taza de café, doy vueltas por la habitación, pienso, ¿por qué no eliminar un personaje de este drama familiar?

Retomar el libro diez años después, es recuperar e incorporar fantasmas del pasado de su madre y de la historia de Estados Unidos en la Guerra de Secesión:

«El trabajo ahora contiene los fantasmas de su propio archivo, sus reiteraciones pasadas y ecos (además de otros fantasmas, los fantasmas de los Estados Unidos)».

Investiga en la escritura, la Guerra de Secesión, apoyándose en fotografías. La esclavitud:

«La fotografía post mortem como parte del proceso de duelo y de conmemoración».

Su madre era reacia a salir en fotografías. Muchas las realizaba ella misma para no tener que aparecer en ellas. Pero de algún modo, sabe que su espíritu está presente:

«Pero sé que está ahí, mi fantasma materno, omnipresente; por eso también me encantan las fotos en las que no aparece».

En el lenguaje familiar femenino —nos cuenta Kate—, hay una inclinación violenta de tipo cariñoso, que ella misma despliega en ocasiones:

«Las mujeres de nuestra familia amenazan con lisiarse o matarse entre ellas, normalmente en broma o como una expresión de cariño. He heredado su habla brutal. Mi madre: Te voy a llevar atrás a pegarte un tiro, Katie. Mi abuela: Ven aquí que te dé un guantazo».

A propósito de ese tipo de lenguaje, la autora introduce una cita de la autora Luce Irigaray:

«Si continuamos hablándonos el mismo lenguaje, vamos a reproducir la misma historia».

Luce Irigaray

Destapa un Puritanismo en su vida, influencia de las monjas primero y después, de su madre en casa.

En conversación con su madre, la autora refiere haber sido infeliz en su infancia. Acto seguido, la madre muestra a Kate, fotos de la niñez sonriendo. Ella explica a su madre como la fotografía es incapaz de mostrar una interioridad angustiada. Trata de remedar su infancia de nuevo, a través de la escritura:

«Escribir es mi manera de repararme, remendando mis anteriores yoes, mis frases. Cuando soy lo bastante valiente no soy nunca lo bastante valiente, desenredo el tapiz de mi vida, mi infancia».

Establece paralelismos entre ella, con Darger y Bourgeois:

Nuestras patografías: Henry hacía fuegos de pequeño. Se metía en peleas. A una niña le tiró cenizas a los ojos.

Yo también golpeó porque la violencia me asfixia.

Violencia como último recurso, cuando se carece de lenguaje.

Louise Bourgeois, en arrebatos de ira, arrojaba esculturas por la habitación».

Louise Bourgeois con una creación suya © Peter Bellamy

Se pregunta si Darger y Bourgeois canalizan a través del arte su pasado desamparado:

«¿Era el arte para ellos una forma de exorcismo con la que canalizar y controlar su desamparo, su pasado? Una forma de supervivencia».

Admite también, una dificultad de expresión por medio del lenguaje. Tiene que acudir al logopeda. Por eso tarda trece años en escribir el libro:

«Todavía no consigo comunicarme.

Lucho por comunicarme».

Relación amor-odio con su madre:

«Mi madre mi enemiga mi mejor amiga

Y aun así cuando tuve mi segunda crisis, mi madre fue la única que me apoyó».

Refiere la autora a propósito de lo anterior, haber sufrido varias crisis psíquicas. Su madre fue su protectora en esas circunstancias. Nos cuenta como quisieron aplicarle electrochoques por la ineficacia de los medicamentos y su madre se opuso llevándola a casa. Ve coincidencias de su personalidad con Sylvia Plath:

«Me impresiona mi posibilidad demoníaca, como si yo fuera Sylvia Plath».

Kate revela antecedentes de desequilibrios mentales en su familia. Su bisabuela fue internada algún tiempo. La hija de su abuela Mary, su tía Anna también estuvo ingresada gran parte de su vida. Recuerda la película Esplendor en la hierba y los desequilibrios en Natalie Wood. Se obsesiona con Mary Todd Lincoln y su juicio por demencia.

Menciona a Dreyer y el calvario que hizo pasar a Renée Falconetti, con lo que le ocurría a su madre. No quería salir con peluca, quería salir sin pelo, la hicieron poner gorro. Falconetti no volvió a interpretar por el infierno pasado en La pasión de Juana de Arco.

Renée Falconetti en La pasión de Juana de Arco, Dreyer

Kate también suele tener el pelo corto:

¿Me corto el pelo como penitencia? Mi acto de autoflagelación

Autores, como ella, cuidando de sus madres. Emily Dickinson cuidando a su madre inválida, no saliendo de casa. Barthes:

Te has convertido en mi hija, Madre…

Roland Barthes

Se reprocha no haber pasado más tiempo con su madre los últimos meses de su vida.

Ve a su madre como la protagonista de la excelente película, Wanda, de Barbara Loden. Fantasea con que su madre actúe como protagonista en los fotogramas. Sostiene dos fotografías similares de su madre y Wanda:

«Coloco la fotografía de mi madre con su sombrero blanco de ala ancha junto a una imagen de Wanda dudando antes de entrar al juzgado».

Gale, madre de la autora © La Uña Rota
Barbara Loden como Wanda © La Uña Rota

Otra acertada cita de Artaud, entregada por la autora:

«Nacemos, vivimos y morimos rodeados de mentiras».

Antonin Artaud

La autora cuenta más rasgos de su madre. Estudió y se especializó en Ciencias Políticas, pero nunca consiguió un título universitario y eso la atormentaba. Tenía muchos amigos al igual que su padre y frecuentemente salía sola de casa:

«Le gustaba irse por ahí sola. Me voy de pingo. Se iba a mirar escaparates aunque luego no compraba. Se sentaba en la barra de un restaurante y pedía un café y una porción de tarta».

A Katie le apena ver a su padre perdido tras la muerte de su madre:

«Sin esposa mi padre estaba perdido. Era el señor Ramsey de Al faro, que se apoyaba en cualquier mujer que estuviera disponible. Nunca había vivido solo. Fue de casa de su madre a la Marina y de ahí derecho al matrimonio».

Katie tarda en localizar la lápida de Henry Darger. En la inscripción figura, Protector de los niños. Después visita la tumba de su madre, donde su padre ha inscrito, Querida esposa y madre.

El libro de Kate Zambreno no es un simple libro de duelo por la pérdida de su madre. El duelo está, sí, y es el origen de la escritura del libro. Pero Kate aborda otros temas que tienen que ver más con ella misma. El principal, tratar de superar una dificultad mantenida a lo largo de los años: la expresión de sus sentimientos a través del lenguaje. Expresar los sentimientos del duelo por medio de la escritura, añade una dificultad añadida. Por supuesto, su madre es la catalizadora de sus recuerdos, de sus fantasmas, de sus olvidos, de sus rechazos. Interesantísimo es, a su vez, incorporar otras voces en la escritura. Voces que mantienen un hilo común con el texto plasmado por la propia escritora. No solo da cabida a autores(as) dentro del mundo de la literatura, sino que aúna otras disciplinas; tiene sus referencias al cine, a la escultura, por medio de Louise Bourgeois, a la pintura —y escritura— a través del artista marginal, Henry Darger, con el que mantiene una intensa obsesión. La fotografía adquiere también importancia, no solo como reconocimiento —y ausencia— de un pasado, sino a su vez ejercida por la misma autora en sus itinerarios. A su vez intercala la autora algunas imágenes en la obra. En el libro, Kate se desnuda, se despoja de su intimidad, manifiesta sus diversas crisis psíquicas a lo largo de su vida, sus recelos, sus temores e inseguridades, sus sentimientos de culpa hacia su madre, hacia otras personas. Kate Zambreno refleja en el libro, cómo la pérdida de la madre no solo significa la orfandad, el desamparo, sino la desaparición del referente principal.

Propongo complementar el libro —el texto—, con la audición del reciente excelente disco de las autoras suecas, Sara Parkman y Maria W Horn, Funeral Folk.

Sara Parkman es una violinista, cantante y compositora centrada en la música folclórica sueca.

Maria W Horn es una compositora e intérprete sueca contemporánea, que emplea instrumentación variada que va desde sintetizadores analógicos hasta coros, instrumentos de cuerda, órgano de tubos y varios formatos de música de cámara.

Enlazando con la obra de Kate Zambreno, ambas autoras explican cómo en el disco tratan de explorar los rituales del duelo y la fenomenología musical de la muerte a través de sus respectivos oficios e influencias. Indagan en los ritos de pérdida y su lugar en una civilización desritualizada y moribunda.

Sara Parkman © Anna Drvnik 🔗
Maria W Horn © Aron Mattson 🔗

Musica compuesta por Maria W Horn y Sara Parkman
Sara Parkman: Viola D’amore, Voz, Cítara.
Maria W Horn: Sintetizadores y Electrónica, Voz, Hurdy Gurdy, Mellotron, Bajo eléctrico.
Coro: Xenia Kriisin, Hannah Tolf, Kristina Issa
Guitarra y arreglos de guitarra: Mats Erlandsson.
Voz en “Evigheten Sommar”: Eva-Lena Horn

Maria W Horn & Sara Parkman Funeral Folk © XKatedral 🔗 and Supertraditional Records 🔗 2022

Calidad de sonido CD

(“Book of mutter” © Kate Zambreno, Semiotext(e) 🔗 2017)

“Mi libro madre, mi libro monstruo” Kate Zambreno 🔗

La Uña Rota Ediciones, 2022 🔗

Traducido por Carlos Bueno Vera🔗 y Violeta Gil 🔗

228 Páginas

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