Max Blecher y la escritura desde el umbral: irrealidad, cuerpo y conciencia.
La obra de Max Blecher es una de las más intensas y singulares del siglo XX europeo. Su escritura, marcada por la enfermedad y el confinamiento, no se limita a la crónica del sufrimiento físico, sino que se convierte en una exploración radical de la conciencia, la percepción y la irrealidad cotidiana. En Acontecimientos de la irrealidad inmediata y La guarida iluminada: Diario de Sanatorio, Blecher transforma su experiencia de inmovilidad en una forma de lucidez extrema, donde el cuerpo enfermo se convierte en un prisma para observar el mundo desde el umbral.
Publicados en español por Aletheia en 2006, estos textos revelan una sensibilidad que emparenta con Kafka, Walser o Bruno Schulz, pero que mantiene una voz propia, obsesiva y luminosa. Blecher no escribe desde la distancia analítica, sino desde el centro mismo del dolor, con una prosa que oscila entre lo onírico, lo clínico y lo metafísico. Su literatura busca nombrar lo que ocurre cuando la realidad se descompone y la conciencia se vuelve el único territorio habitable.
Afrontando el libro, comienzo a emocionarme con la introducción tan sentida de Saşa Pană, poeta y amigo de Max Blecher, nacido en Botoșani, Rumanía en 1909 y fallecido prematuramente en 1938.
En sus emotivas visitas semanales a partir de 1936 al delicado Max, refleja:
“«Te recibo en mi lecho de muerte», solían ser sus primeras palabras. La voz venía de lejos, trémula, como la mirada azul y sedosa desde sus órbitas hundidas. Bajo la cubierta, las rodillas petrificadas formando un ángulo agudo —una tabla partida— y, debajo del costado taponado de algodón, una bolsa que recogía los residuos purulentos provocados por la hemorragia de los abscesos. Pálido como la cera, guapo y desgarrador, como una estatua viva del dolor.”
Blecher padeció desde los 19 años una terrible enfermedad ósea que le impidió apenas andar al principio, para vivir permanentemente postrado en cama hasta su temprana muerte con 29 años.
“Acontecimientos de la irrealidad inmediata” es el primer libro del que consta el volumen. En él, es difícil diferenciar lo real de lo irreal. Nos va relatando recuerdos de infancia mezclados con sueños. Muy emparentado con el surrealismo, admiraba a Bretón, con el que mantenía correspondencia. Hay ideas sugestivas:
“Durante mi pesadilla, veo y noto la posición en la que me hallo, sé en qué lecho y en qué habitación duermo; la pesadilla parece revestir mi posición auténtica y mi auténtico estado de sueño con una piel delgada y fina. En este sentido, podría decirse que estoy despierto: estoy despierto pero duermo y sueño con mi vigilia. En ese momento sueño también que estoy durmiendo.”
Pero también lo recorren pensamientos existencialistas:
“La inutilidad llenó los huecos del mundo como un líquido que se hubiese extendido en todas direcciones, y el cielo encima de mí, ese cielo eternamente correcto, absurdo e inconcreto, adquirió el color propio de la desesperación. En esta inutilidad que me rodea y bajo este cielo maldito por los siglos de los siglos deambulo todavía hoy.”
“La guarida iluminada (diario de sanatorio)”. El segundo libro son una serie de vivencias que emocionan y mucho, en su triste paso por los sanatorios. Compañeros, operaciones, curas médicas y sus paseos tumbado en carrito tirado por un caballito:
“Yo me pasaba la mayor parte de las tardes fuera del sanatorio, de paseo con el cochecito. Me daba mucha pena no poder levantarme de la camilla para acariciar al caballo. Me ligaba a él una amistad indirecta gracias a un amigo que le daba el azúcar que yo llevaba para él en el carrito.”

Casi la mitad de su corta vida la pasó recluido en cama, de ahí esta desoladora reflexión sobre su estancia en habitaciones, en interiores:
“Más que una sucesión de acontecimientos, la relación de mis recuerdos y pensamientos debería ser una sucesión de habitaciones con distinta iluminación, la mayoría de ellas tristes y nostálgicas, habitaciones bañadas por luz de lluvia, donde yacía con los ojos abiertos, viendo pasar la vida por mi cuerpo fofo e inerte, con la conciencia gris y la sensación de no existir.”
Su condición de judío y la afinidad con el surrealismo, menospreciado por el régimen de Ceaușescu, impidieron la publicación de su obra en vida. Escribir debió de ser un gran sufrimiento en los últimos años de vida ante los padecimientos terribles de los huesos, el dolor, como él decía: “esa inmensa estupidez que es el dolor físico”.
En sus últimas palabras dejó dicho a su madre:
“Y de mí, olvidaos. Y me olvidaréis. Vale más llorar junto a una tumba que compadecer a un enfermo”.
La lectura conjunta de Acontecimientos de la irrealidad inmediata y La guarida iluminada: Diario de Sanatorio confirma a Max Blecher como una de las voces más singulares de la literatura europea del siglo XX. Su escritura, nacida desde el límite físico y la percepción alterada, convierte la enfermedad en un territorio de revelación donde realidad, conciencia y cuerpo se entrelazan con una intensidad poco común. La edición de Aletheia (2006) permite redescubrir la fuerza de estos textos, que siguen iluminando la fragilidad humana y la potencia de la imaginación incluso en los márgenes más oscuros de la existencia.
Gracias a su obra literaria, a pesar de su brevedad; recordaremos siempre a Max Blecher.
Considero apropiado como homenaje a Max Blecher, allá donde se encuentre; el bello, melancólico y evocador album del violonchelista y compositor canadiense, Justin Wright, “Music For Staying Warm”, editado recientemente:
First Terrace Records, 2019
Editorial: Aletheia ↗️
Introducción: Saşa Pană
Traducción: Joaquín Garrigós Bueno
Fuente de Imagen de Max Blecher: https://www.ziarulmetropolis.ro/scrisoare-catre-max-blecher/



