Gaëlle Solal y el momento en que la guitarra vuelve a abrir un camino.
Hay discos que trascienden la mera escucha y se convierten en experiencias sonoras. “Rio”, la reciente obra de Gaëlle Solal junto al Orchestre Royal de Chambre de Wallonie, es un claro ejemplo de ello. Este álbum no se limita a la interpretación del repertorio brasileño, sino que lo reimagina desde la guitarra clásica, estableciendo conexiones entre compositores como Villa-Lobos, Chiquinha Gonzaga, Clarice Assad y Ernesto Nazareth. Se presenta como un mapa sonoro que abarca más de un siglo de música carioca, explorando desde la modernidad orquestal hasta géneros como el choro, la valsa, el tango brasileño y la rica mitología popular.
Solal llevaba este proyecto dentro desde niña. En las notas del disco lo cuenta con una claridad luminosa:
“Desde que era pequeña, la idea de tocar con una orquesta no me había parecido solo un sueño, sino también algo inevitable”.

Ese sueño se convierte aquí en un viaje personal hacia las raíces musicales de Brasil, pero también hacia la propia historia de la guitarra en interacción con la orquesta. El resultado es un disco ambicioso y coherente, construido como un collar de perlas —la imagen es suya— donde cada obra ilumina a la siguiente: el clasicismo exuberante de Villa‑Lobos, la energía pionera de Chiquinha Gonzaga, la imaginación contemporánea de Clarice Assad y la picardía elegante de Nazareth.
Rio es una lectura viva, actual y profundamente musical, que entiende Brasil como un territorio emocional más que como un género. Un disco que respira color, ritmo y memoria, y que confirma a Gaëlle Solal como una intérprete capaz de unir mundos sin perder la delicadeza ni la claridad.
🎯 Las sugerencias de escucha 2026 reúnen una selección abierta y diversa de álbumes que irá creciendo disco a disco. Del rock y pop independiente a las músicas de raíz, pasando por el folk, el jazz, la música brasileña o distintas formas de música instrumental, cada entrada busca abrir un espacio para la exploración sonora sin etiquetas ni fronteras.
No se trata de construir una lista definitiva, sino de compartir hallazgos musicales que merecen ser escuchados. Los estilos conviven, se cruzan y a veces se contradicen —como lo hace la música cuando está viva.
La playlist de 2026 irá creciendo disco a disco. Mientras tanto, puedes revisitar el recorrido sonoro de 2025:
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A continuación, puedes explorar el álbum completo en video y leer la reseña crítica que lo acompaña.
Este vídeo recoge la interpretación íntegra de Rio, tal y como fue concebida por Gaëlle Solal junto al Orchestre Royal de Chambre de Wallonie bajo la dirección de Roberto Beltrán Zavala. Aquí puedes seguir el álbum completo en YouTube sin salir de la página y dejar que su energía marque el camino.
Créditos del álbum
Gaëlle Solal (guitarra)
Orchestre Royal de Chambre de Wallonie: Dirección: Roberto Beltrán Zavala Solista invitado: Jean‑Frédéric Molard (violín). Isabelle Bonesire, Red Gjeci, Luis Greiner: violins I / Pascal Crismer, Isabelle Scoubeau, Emilie Tison: violins II / Kela Canka, Vincent Hepp: violas / Edith Baugnies, Hans Vandaele: cellos / Philippe Cormann: double bass / Valérie Debaele: flute / Sylvain Cremers: oboe / Ronald Van Spaendonck: clarinet / Alain Cremers: bassoon / Dries Laureyssens: horn / Maxime Wastiels: trumpet / Alain Pire: trombone / Katia Godart, Arthur Ros: percussions
Grabado en Arsonic (Mons) entre el 25 y el 27 de septiembre de 2025. Producción de Gaëlle Solal y Guitar’Elles, con dirección artística de Élodie Bouny. Sello: Fuga Libera (Outhere Music ↗️). Publicado: 20 de Marzo de 2026.
Gaëlle Solal
Nacida en Marsella, Gaëlle Solal creció con la guitarra como un espacio de juego, estudio y descubrimiento. Ella misma recuerda que, desde niña, tocar con orquesta no era solo un sueño, sino “una conclusión inevitable” . A los catorce años ofreció su primer concierto con la orquesta del Conservatorio de su ciudad natal, culminando ocho años de formación vividos —como cuenta— “Saltando y brincando en cada lección” .
Su maestro, René Bartoli, vio en ella una musicalidad excepcional y, tras aquella actuación, pronunció una frase que marcaría su camino: “¡Debe continuar!”. Esa mezcla de impulso, inocencia y determinación ha acompañado siempre a Solal, que ha construido una carrera internacional caracterizada por la curiosidad, la apertura estilística y una relación muy personal con su instrumento.
A lo largo de los años ha desarrollado una voz propia dentro del repertorio contemporáneo y latinoamericano, con especial afinidad por la música brasileña. El encuentro con el Concerto O Saci‑Pererê de Clarice Assad en 2017 fue decisivo: desde entonces, Solal se propuso no solo interpretarlo, sino grabarlo, integrándolo en un proyecto más amplio que conectara distintas tradiciones de Brasil. Esa búsqueda la llevó a Villa‑Lobos, a la figura pionera de Chiquinha Gonzaga y a la elegancia popular de Ernesto Nazareth, configurando el universo que da forma a Rio.
Hoy, Gaëlle Solal es una de las guitarristas más versátiles y sensibles de su generación, capaz de transitar entre la tradición clásica, la música popular y la creación contemporánea sin perder claridad ni delicadeza. Rio es, en ese sentido, un retrato fiel de su manera de entender la música: como un territorio vivo, abierto y profundamente humano.
Orchestre Royal de Chambre de Wallonie y Roberto Beltrán Zavala
Fundado en 1958, el Orchestre Royal de Chambre de Wallonie es una de las formaciones de cámara más sólidas y versátiles del panorama belga. A lo largo de su historia ha trabajado con directores y solistas de referencia, y mantiene una línea artística que combina el repertorio clásico con proyectos contemporáneos y colaboraciones que buscan ampliar el papel de la orquesta de cámara en el siglo XXI. Su sonido —preciso, flexible, atento al detalle— encaja de forma natural con la guitarra, un instrumento que exige escucha, espacio y una sensibilidad especial por el equilibrio.
El director Roberto Beltrán Zavala aporta justamente eso: claridad, energía y una lectura muy consciente del diálogo entre solista y orquesta. Su trabajo en Rio destaca por la manera en que sostiene la arquitectura de cada obra sin eclipsar la voz de Gaëlle Solal. En las piezas de Villa‑Lobos, por ejemplo, su dirección permite que la orquesta respire con amplitud sin perder transparencia; en la Suite Chiquinha Gonzaga, favorece la ligereza rítmica; y en el concierto de Clarice Assad, abraza la teatralidad y el colorido de la partitura con una precisión casi coreográfica.
El resultado es una colaboración dinámica y equilibrada, en la que la orquesta no se limita a acompañar, sino que participa activamente en la construcción musical. Esta interacción es fundamental para el carácter luminoso del álbum.
🎧 Escucha crítica — Rio
Rio es un disco que se despliega como un viaje: un recorrido por distintas formas de entender Brasil desde la guitarra y la orquesta, pero también una exploración del color, el ritmo y la memoria que atraviesan más de un siglo de música. La interpretación de Gaëlle Solal, siempre atenta al detalle y a la respiración interna de cada obra, encuentra en el Orchestre Royal de Chambre de Wallonie y en la dirección de Roberto Beltrán Zavala un espacio de diálogo que sostiene y amplifica cada matiz.
A partir de aquí, la escucha se vuelve narrativa. Villa‑Lobos abre el camino con un concierto que exige equilibrio y claridad; Chiquinha Gonzaga aporta luz, danza y una energía pionera; Clarice Assad introduce el mito, el humor y la teatralidad contemporánea; y Nazareth cierra el viaje con una sonrisa traviesa. Cada pieza ilumina la siguiente, y la guitarra de Solal actúa como hilo conductor, siempre presente, siempre precisa.
01. Concerto for Guitar and Small Orchestra W 501 — I. Allegro preciso (5:47)
Compositor: Heitor Villa‑Lobos
El primer movimiento del concierto de Villa‑Lobos se abre con una energía contenida, casi ritual. Las notas del disco lo describen como un tema “formulado al principio como un extraño ritual pagano” , y esa imagen encaja perfectamente con la lectura de Solal: la guitarra entra con una claridad que evita imponerse y abre un espacio propio dentro de la textura orquestal.

La dirección de Roberto Beltrán Zavala mantiene el pulso firme, sin rigidez, permitiendo que la orquesta respire en capas: maderas que insinúan la selva, cuerdas que dibujan un horizonte inquieto, metales que aportan densidad sin eclipsar. En ese contexto, la guitarra avanza como un narrador que conoce el terreno. Solal articula cada motivo con precisión, pero también con una especie de calma interior que evita cualquier tentación de virtuosismo gratuito.
Lo más interesante es cómo se resuelve el equilibrio —ese eterno desafío del concierto—. Aquí la guitarra no lucha por hacerse oír: se integra con naturalidad. La orquesta, lejos de ser un mero acompañamiento, interactúa, sostiene y estimula. El resultado es un Allegro preciso que fluye con continuidad, sin interrupciones, preparando el terreno para el lirismo del segundo movimiento..
02. Concerto for Guitar and Small Orchestra W 501 — II. Andantino e andante – Cadenza (8:17)
Compositor: Heitor Villa‑Lobos
El segundo movimiento es el corazón emocional del concierto. Villa‑Lobos despliega aquí un lirismo amplio, casi vocal, que las notas de presentación sitúan en la línea de sus últimas obras:
“El segundo movimiento anuncia el gran lirismo de las últimas obras del compositor, como A Floresta do Amazonas” .
Ese lirismo amplio, casi vocal, es el que Solal recoge desde la primera entrada. Gaëlle Solal entra con un sonido íntimo, cálido, que parece surgir desde dentro de la orquesta más que superponerse a ella. La guitarra canta, literalmente. Cada frase está moldeada con una respiración natural, sin prisa, como si la música recordara algo que no quiere perder. La orquesta responde con un tejido suave, transparente, donde las maderas aportan color y las cuerdas sostienen un fondo casi cinematográfico.
La cadenza es un punto de inflexión. Villa‑Lobos la concibió como un espacio de libertad y de invención instrumental, y Solal la aborda con una mezcla de claridad técnica y fantasía controlada. En su interpretación, no hay espacio para el exhibicionismo; en cambio, se cuenta una historia. La guitarra explora registros, timbres, resonancias, como si buscara abrir puertas hacia el movimiento final.
Beltrán Zavala vuelve a entrar con una delicadeza admirable, recogiendo el pulso justo donde la solista lo deja. El movimiento se cierra con una sensación de suspensión, de tránsito, como si la música se preparara para abandonar la introspección y adentrarse en la vitalidad rítmica del Allegretto.
03. Concerto for Guitar and Small Orchestra W 501 — III. Allegretto non troppo (4:57)
Compositor: Heitor Villa‑Lobos
El Allegretto non troppo retoma el movimiento, pero no con prisa: es una danza contenida, casi felina, donde la guitarra avanza con una mezcla de ligereza y determinación. Las notas del disco hablan de “danzas tribales” y de un río tumultuoso que la guitarra desciende mientras la orquesta despliega “una galería de personajes coloridos con auténticas melodías folclóricas”, y esa imagen encaja perfectamente con esta interpretación.
Gaëlle Solal articula el ritmo con una precisión que nunca se vuelve mecánica. Hay elasticidad, pequeños acentos que iluminan la frase, un fraseo que sugiere más de lo que dice. La orquesta, bajo la dirección de Roberto Beltrán Zavala, aporta un colorido vibrante: maderas que se balancean, cuerdas que empujan hacia adelante, metales que aparecen como destellos. Todo está en su sitio, pero nada suena rígido.
La fuerza del movimiento reside en la claridad con la que Solal se abre paso entre las capas orquestales. La guitarra no se diluye: aparece, se esconde, reaparece, como si marcara el pulso secreto de la danza. La energía avanza contenida, siempre al borde de desbordarse, manteniendo al oyente en una tensión luminosa.
El cierre es limpio, decidido, y deja la sensación de haber atravesado un paisaje lleno de vida. Con este Allegretto, el concierto se completa como un arco narrativo coherente: ritual, canto y danza. Una lectura equilibrada y muy bien construida.
04. Suite Chiquinha Gonzaga — I. Ó abre alas (3:23)
Compositora: Chiquinha Gonzaga
La Suite Chiquinha Gonzaga se abre con Ó abre alas, una marcha carnavalesca compuesta en 1890, en pleno tránsito entre el Imperio y la joven República brasileña. Su autora, Francisca “Chiquinha” Gonzaga —pianista, directora, figura clave en la lucha por la abolición de la esclavitud y por la emancipación de la mujer— fue una pionera en todos los sentidos: libre, combativa, profundamente musical. Su popularidad era tal que la pieza fue grabada de inmediato, convirtiéndose en uno de los primeros éxitos del carnaval.

En esta versión, el arreglo de Paulo Aragão evita convertir la orquesta en una banda festiva: la entrada es suave, casi contenida, y solo después la música va creciendo, como si la propia Chiquinha desplegara poco a poco el espíritu del desfile. La guitarra de Gaëlle Solal se mueve con una claridad elegante entre esos colores, marcando el pulso sin imponerse. El Orchestre Royal de Chambre de Wallonie responde con flexibilidad, y Roberto Beltrán Zavala sostiene el in crescendo con una energía que nunca se desborda.
El resultado es un movimiento que respira historia y vitalidad: una puerta abierta al universo de una compositora que transformó la música brasileña desde dentro.
05. Suite Chiquinha Gonzaga — II. Paraguaçu (4:21)
Compositora: Chiquinha Gonzaga
Paraguaçu lleva la suite hacia otro territorio: el de la chorohabanera, una forma nacida en el cruce de caminos del Brasil de finales del XIX. El choro, derivado de danzas europeas como la mazurca y enriquecido por la tradición afrobrasileña, fue uno de los primeros lenguajes urbanos del país; la habanera, llegada desde Cuba, aportó ese balanceo característico que Chiquinha Gonzaga adoptó con naturalidad. La pieza toma su nombre de un río brasileño, pero también de una figura legendaria: la princesa tupinambá del siglo XVI que, contra todo pronóstico, terminó casada con el náufrago portugués Caramuru. Un símbolo perfecto de encuentros improbables, de mundos que se rozan y se transforman.
En esta versión, ese trasfondo se percibe en la música: Paraguaçu es más abierta, más alegre, con un movimiento que combina la ligereza del choro y la sensualidad rítmica de la habanera. El arreglo de Paulo Aragão mantiene ese carácter danzable sin perder refinamiento, dejando que la guitarra de Gaëlle Solal se deslice con una claridad flexible y un fraseo que respira con naturalidad.
La orquesta aporta un acompañamiento cálido y atento al color, y Roberto Beltrán Zavala dirige con una sensibilidad que permite que todo fluya sin rigidez. La pieza avanza con esa alegría que no necesita exagerarse, como una danza que se despliega con gracia.
Paraguaçu actúa así como un punto de expansión dentro de la suite: recoge la intimidad inicial de Ó abre alas y la transforma en movimiento, en luz, en un gesto que celebra la mezcla y la vitalidad de la música brasileña.
06. Suite Chiquinha Gonzaga — III. Saudade (5:10)
Compositora: Chiquinha Gonzaga
En Saudade, Chiquinha Gonzaga despliega una melancolía luminosa, muy distinta de la nostalgia europea: aquí la tristeza no pesa, flota. La pieza pertenece a la tradición de la valsa brasileira, un género nacido cuando los valses europeos conquistaron Brasil y se mezclaron con el espíritu virtuoso y urbano del choro. Chiquinha conocía bien ese lenguaje: en 1880 había compuesto su Valsa Brilhante para celebrar el regreso de su amigo Carlos Gomes, el primer compositor brasileño con éxito internacional. Años después, profundamente afectada por su muerte, le dedicó este Saudade, una palabra que en Brasil evoca ausencia, memoria y un tipo de melancolía que no se hunde, sino que ilumina.
El arreglo de Paulo Aragão respeta ese carácter íntimo y lo amplifica, dejando que la melodía respire con una sencillez casi desarmante. Gaëlle Solal aborda la pieza con una delicadeza que evita cualquier exceso expresivo: su sonido es redondo, cercano, y la manera en que sostiene las frases —sin dramatizarlas, sin subrayarlas— permite que la música conserve su transparencia. La guitarra parece hablar en voz baja, como si recordara algo que no quiere perder del todo.
La orquesta acompaña con un refinamiento notable. Las cuerdas crean un fondo cálido y homogéneo, mientras las maderas introducen pequeños gestos que iluminan la melodía sin romper su quietud. Roberto Beltrán Zavala dirige con un pulso amplio, dejando espacio para que cada línea encuentre su sitio.
El resultado es un movimiento que se escucha casi en suspensión, como si el tiempo se dilatara. Saudade funciona aquí como el centro emocional de la suite: un momento de pausa y respiración antes de que la música vuelva a la danza en Gaúcho.
07. Suite Chiquinha Gonzaga — IV. Gaúcho (4:48)
Compositora: Chiquinha Gonzaga
Gaúcho —también conocido como Corta‑jaca— es quizá la pieza más célebre de Chiquinha Gonzaga, y no por casualidad. Nacido como tango brasileño y final de su opereta Zizinha Maxixe (1914), el tema lleva en su ADN la mezcla que definió a la compositora: ritmo popular, picardía, sofisticación y una libertad que desafiaba las convenciones de su época. El título alude a los jinetes de la Pampa brasileña, en la frontera con Argentina, pero la música se hizo famosa por otro motivo: su sensualidad. Corta‑jaca era el nombre popular de una técnica de seducción considerada escandalosa, y la pieza llegó a interpretarse incluso en el palacio presidencial por Nair de Teffé —primera dama, guitarrista y amiga íntima de Chiquinha—, provocando un revuelo que solo aumentó su popularidad.
En esta versión, el arreglo de Paulo Aragão captura ese espíritu con precisión: la orquesta suena ligera, casi juguetona, y la guitarra se mueve con una soltura que parece natural, pero que exige un control absoluto del fraseo. Gaëlle Solal aborda la pieza con una mezcla de elegancia y desparpajo: su toque tiene brillo, pero nunca cae en la caricatura; mantiene siempre una línea clara, flexible, que permite que la danza respire. Hay pequeños acentos, rubatos mínimos, detalles que iluminan la música sin romper su fluidez. La guitarra aquí no solo marca el ritmo: lo encarna.
El Orchestre Royal de Chambre de Wallonie responde con un sonido ágil, muy atento al carácter popular de la pieza, pero sin perder refinamiento. Roberto Beltrán Zavala dirige con una energía contenida, dejando que la música avance con ese vaivén tan propio del maxixe, sin acelerarlo ni domesticarlo.
El resultado es un final luminoso para la suite: una celebración del ingenio de Chiquinha Gonzaga y un recordatorio de su papel pionero en la música brasileña. Después de la introspección de Saudade, Gaúcho devuelve la sonrisa y prepara el oído para el salto hacia el universo contemporáneo de Clarice Assad.
08. Concerto O Saci‑Pererê — I. The Magic Cap (9:02)
Compositora: Clarice Assad
El universo de Clarice Assad irrumpe con una fuerza casi cinematográfica. The Magic Cap abre el concierto con un juego de colores, ritmos y gestos que describen al personaje mítico del folclore brasileño: Saci‑Pererê, el travieso de un solo pie, dueño de un gorro rojo que le otorga poderes y que desaparece tan rápido como aparece. La música no lo imita: lo encarna.

Desde los primeros compases, la orquesta despliega un abanico de timbres que parecen surgir de un bosque encantado: pizzicati que chisporrotean, maderas que susurran y metales que irrumpen como si algo se escapara entre los árboles. Roberto Beltrán Zavala dirige con una precisión casi coreográfica, manteniendo la tensión narrativa sin perder claridad.
La guitarra de Gaëlle Solal se integra en ese paisaje con una naturalidad sorprendente. No es la solista clásica que se impone sobre la orquesta: es un personaje más dentro del relato. Su toque es ágil, lleno de pequeños acentos que sugieren movimiento, travesura, fuga. Assad escribe para la guitarra con un sentido teatral muy particular, y Solal lo entiende a la perfección: cada gesto tiene intención, cada frase parece responder a algo que ocurre fuera de plano.
Hay momentos de auténtica magia: diálogos rapidísimos entre guitarra y maderas, texturas que se abren de golpe, silencios que funcionan como guiños. Todo está vivo, en constante transformación. El movimiento avanza como un cuento contado alrededor del fuego, con humor, misterio y un punto de peligro.
The Magic Cap funciona como una puerta de entrada irresistible al concierto: un mundo donde la música describe, actúa y respira. Y Solal, Zavala y la orquesta lo habitan con una complicidad admirable.
09. Concerto O Saci‑Pererê — II. Matita Perê (6:10)
Compositora: Clarice Assad
Si el primer movimiento presentaba a Saci‑Pererê como un ser travieso y escurridizo, Matita Perê nos lleva a un territorio más misterioso, casi hipnótico. Clarice Assad construye aquí un espacio sonoro que parece suspendido en el aire: líneas que se insinúan, ritmos que aparecen y desaparecen, colores que se mezclan como si la música estuviera hecha de humo.
La guitarra de Gaëlle Solal se mueve con una delicadeza extrema. Su sonido es íntimo, casi táctil, y la manera en que articula las frases —siempre con intención, siempre con un punto de sorpresa— encaja perfectamente con el carácter del movimiento. La urgencia se disipa en un acto de exploración. La guitarra parece caminar a tientas por un bosque nocturno, iluminando solo lo necesario.
La orquesta, dirigida por Roberto Beltrán Zavala, crea un entorno envolvente, lleno de detalles que nunca saturan. Las maderas susurran, las cuerdas se deslizan en planos que se superponen sin chocar, y la percusión aparece como un eco lejano, casi ritual. Zavala mantiene un pulso amplio, flexible, que permite que cada gesto encuentre su sitio sin perder la tensión narrativa.
La música aquí fluye en un espacio de ambigüedad que Assad maneja con una sutileza excepcional: nada permanece fijo, todo está en constante movimiento. El movimiento avanza como un sueño que se escapa entre los dedos. Solal, atenta a cada sombra y cada brillo, transforma esa inestabilidad en un discurso nítido y lleno de intención.
Matita Perê es, así, el movimiento más introspectivo del concierto: un interludio mágico antes de que Dust Devil devuelva la energía y el vértigo al primer plano.
10. Concerto O Saci‑Pererê — III. Dust Devil (7:19)
Compositora: Clarice Assad
Dust Devil es exactamente lo que su título promete: un remolino. Clarice Assad construye aquí un movimiento que gira sobre sí mismo, que avanza en espiral, que parece absorber todo lo que encuentra a su paso. Después de la atmósfera suspendida de Matita Perê, este final irrumpe con una energía casi salvaje, llena de contrastes, rupturas y aceleraciones inesperadas.
La guitarra de Gaëlle Solal se mueve con una agilidad impresionante. Su toque es incisivo, rítmico, lleno de pequeños ataques que funcionan como chispas dentro del torbellino orquestal. Assad escribe líneas que exigen precisión quirúrgica, pero también una enorme flexibilidad expresiva, y Solal responde con una mezcla de control y libertad que mantiene la música siempre en tensión.
La orquesta, bajo la dirección de Roberto Beltrán Zavala, despliega un colorido vibrante: percusiones que marcan el pulso como si fueran latidos acelerados, cuerdas que se arremolinan en patrones repetitivos, maderas que irrumpen con gestos casi humorísticos. Zavala mantiene el equilibrio en medio del caos organizado, permitiendo que cada sección tenga su momento sin perder la cohesión general.
Aquí la música se organiza como un remolino en perpetua mutación: motivos que vuelven alterados, ritmos que se tensan y se aflojan, texturas que se abren y se repliegan con brusquedad. Todo gira, pero cada giro trae un matiz distinto, como si el torbellino respirara y cambiara de forma.
El final es un estallido controlado: una liberación de energía que cierra el concierto con una mezcla de humor, virtuosismo y teatralidad. Dust Devil no solo completa el retrato de Saci‑Pererê: lo convierte en una figura viva, impredecible, inolvidable.
11. Brejeiro (3:43)
Compositor: Ernesto Nazareth
Brejeiro es una despedida luminosa. Ernesto Nazareth, nacido en Río de Janeiro y formado desde niño en el piano —con una devoción temprana por Mozart y Chopin—, se convirtió en uno de los músicos más influyentes de su época, capaz de unir virtuosismo clásico y ritmos populares brasileños en un lenguaje propio. Su fama despegó en 1893 precisamente con Brejeiro (“El pequeño bribón”), una pieza que fascinó a pianistas, guitarristas y compositores de todo el mundo: Darius Milhaud lo escuchó tocar en el cine Odeón y quedó deslumbrado por su mezcla de elegancia y picardía.

En esta grabación, Gaëlle Solal firma el arreglo para guitarra y Élodie Bouny el acompañamiento orquestal, en una versión que se presenta aquí en estreno mundial. El espíritu del original se mantiene intacto: ligereza, brillo, un punto de travesura. Pero la combinación de guitarra y orquesta añade una dimensión nueva, más aérea, sin perder la frescura que hizo célebre la pieza.
Solal interpreta con una naturalidad cautivadora: cada frase fluye como si fuera improvisada, cada acento cae con una facilidad que solo se consigue desde un control absoluto del instrumento. Su sonido tiene un toque de coquetería y juego, perfectamente alineado con el carácter de Nazareth.
La orquesta acompaña con transparencia impecable. Las cuerdas crean un fondo cálido, las maderas aportan pequeños destellos que iluminan la melodía, y Roberto Beltrán Zavala dirige con una elegancia que evita cualquier exceso. Todo respira, todo se mueve con una sonrisa contenida.
Después del torbellino rítmico de Clarice Assad, Brejeiro funciona como un regreso a la tierra: un recordatorio de que la música brasileña puede ser profunda, compleja, teatral… pero también sencilla, cercana y absolutamente encantadora. Es un cierre perfecto: ligero, cálido, memorable.
🎼 Cierre
Rio es un disco que no se limita a reunir obras: construye un relato. Desde la arquitectura firme de Villa‑Lobos hasta la luz pionera de Chiquinha Gonzaga, desde la teatralidad cambiante de Clarice Assad hasta la elegancia popular de Nazareth, todo está pensado para mostrar un Brasil plural, vivo, en movimiento. Gaëlle Solal actúa como hilo conductor con una musicalidad que evita el énfasis y privilegia la claridad, el color y la escucha profunda. El Orchestre Royal de Chambre de Wallonie y Roberto Beltrán Zavala aportan un acompañamiento atento, flexible, siempre al servicio del discurso. El resultado es un álbum coherente, luminoso y lleno de vida: un viaje que celebra la diversidad de una tradición y, al mismo tiempo, la capacidad de la guitarra para habitarla con naturalidad y belleza.
Para seguir explorando conexiones, afinidades y desvíos musicales, puedes visitar el archivo de Sugerencias de escucha: Sugerencias De Escucha Musicales Independientes 2023–2026


