Raymond Chandler “La Ventana Alta” Alianza 2009

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Raymond Chandler y la arquitectura de La ventana alta.

El macguffin de esta novela gira en torno a la desaparición de una valiosa moneda. La señora Murdock contrata a Marlowe para recuperarla: cree que está en manos de su nuera, Linda Conquest, que ha abandonado la casa familiar. De paso, quiere que el detective la convenza de conceder el divorcio a su hijo. Un encargo aparentemente simple que, como siempre en Chandler, se irá enredando hasta revelar una red de secretos, ambiciones y engaños.

Raymond Chandler 1943
Raymond Chandler, 1943 (Dominio público)

La galería de personajes es, como acostumbra el autor, impecable. Si en El sueño eterno el anfitrión era el coronel Sternwood, aquí su contrapunto es la autoritaria Elizabeth Bright Murdock. Marlowe la retrata con una precisión que roza la caricatura, pero sin perder la fuerza realista que define su mirada.

“Tenía mucha cara y mucha barbilla. El pelo, de color peltre, sometido a una despiadada permanente. Pico largo y duro, y unos ojos grandes y húmedos con una expresión tan simpática como la de dos piedras mojadas. Llevaba encajes en el cuello, pero era la clase de cuello que habría quedado mejor dentro de una camiseta de futbolista. Vestía un vestido de seda grisáceo.”

Chandler arremete contra las figuras dominantes y despóticas, quizá como eco del autoritarismo que él mismo sufrió en su juventud bajo la tutela de un tío adinerado.

El hijo, Leslie Murdock, es el producto perfecto de esa educación caprichosa: un hombre satisfecho de sí mismo, vestido con ostentación y sin la menor conciencia de su propia fragilidad:

“Era un fulano alto y flaco, con aspecto de estar muy satisfecho de sí mismo, que vestía un traje tropical de estambre color azul pizarra, zapatos blancos y negros, camisa color marfil mate, y corbata y pañuelo a juego, del color de la flor del jacarandá.”

Frente a ellos, la secretaria Merle Davis aparece como una figura desvalida, atrapada en la órbita de la señora Murdock. Marlowe siente por ella un aprecio similar al que mostró por Anne Riordan en Adiós, muñeca, y trata de protegerla en un entorno donde la vulnerabilidad se paga cara:

“Merle Davis tenía exactamente el mismo aspecto que el día anterior. Probablemente, siempre tenía el mismo aspecto. Su pelo rubio cobrizo estaba igual de aplastado, sus gafas con montura de concha parecían igual de grandes y vacías, y los ojos que había detrás igual de inexpresivos. Incluso llevaba el mismo vestido de lino de una pieza y mangas cortas, sin ninguna clase de adornos, ni siquiera pendientes.”

Linda Conquest, cantante de club y antigua nuera de la familia, protagoniza uno de los diálogos más memorables de la novela. Chandler despliega aquí su talento para el intercambio rápido, irónico y afilado, donde cada frase es un golpe y cada réplica un desvío inesperado. El club nocturno donde trabaja Linda funciona como un microcosmos del género: guardias, tipos armados, directivos borrachos, propietarios ambiguos y una cantante que no se deja impresionar por nadie, mucho menos por Marlowe:

“—Hablando en plata —dijo, estoy segurísima de que no me va a gustar usted ni un pelo. Así que suelte su rollo y esfúmese.

—Lo que me gusta de este sitio es que todo se ajusta perfectamente al tópico —dije—. El guardia de la entrada, el negro de la puerta, las chicas del tabaco y del guardarropa, el judío gordo, grasiento y sensual con la corista alta, imponente y aburrida, el directivo bien vestido, borracho y espantosamente grosero que insulta al camarero, el tipo callado con la pistola, el propietario del club con su suave cabello gris y sus maneras de película de serie B, y ahora usted…, la cantante romántica alta y morena con la mueca negligente, la voz ronca y el vocabulario de tía dura.

Aparecen también figuras secundarias que enriquecen la trama: Alex Morny, dueño de clubes; su guardaespaldas fanfarrón, Eddie Prue; la esposa rubia de Morny, atrapada en la influencia de un gigoló llamado Vannier; el coleccionista Morningstar, experto en monedas antiguas; y un detective privado que opera en paralelo. Todos ellos forman un mosaico que Chandler maneja con soltura, alternando humor, grotesco y tensión.

No faltan los policías con los que Marlowe debe lidiar. El teniente Breeze, con su corpulencia desaliñada y su mirada implacable, es un ejemplo perfecto del policía chandleriano: duro, cansado, sin paciencia para sutilezas. A su lado, el joven Spangler aporta el contrapunto inexperto, casi ingenuo.

“Breeze estaba allí plantado y se le veía tan grande y desaliñado como siempre, pero un poco más cansado. Con él estaba el inspector joven con cara de novato que se llamaba Spangler”

Pero la novela ofrece mucho más que una galería de personajes. La trama, que parece sencilla al inicio, se complica a medida que Marlowe descubre los secretos de la familia Murdock. Surgen muertes enigmáticas, traiciones y una ambición económica que mueve buena parte de las acciones. La parodia y el grotesco iluminan algunas escenas, y el humor —ese humor seco, casi resignado— vuelve a aparecer como marca de la casa. Los diálogos, una vez más, son sobresalientes.

El listón había quedado muy alto con Adiós, muñeca, una historia redonda donde todo fluía como un engranaje perfecto. La ventana alta quizá no alcanza ese nivel de perfección estructural, pero la escritura de Chandler mantiene un sentido de la calidad fuera de toda duda. Su prosa, su oído para el diálogo y su capacidad para crear atmósferas siguen siendo inconfundibles.

En La ventana alta, Raymond Chandler vuelve a demostrar su maestría para construir tramas enrevesadas, personajes memorables y diálogos que definen por sí solos el género negro. La investigación de Marlowe avanza entre ambiciones, secretos familiares y una galería humana que revela lo mejor y lo peor de Los Ángeles. Aunque la novela no alcanza la perfección de Adiós, muñeca, confirma la solidez narrativa de Chandler y su capacidad para iluminar, con ironía y precisión, las sombras del mundo que retrata. Explora otras obras de Chandler en la página.

Como fondo, “Path of Totality”, recomendable trabajo reciente del compositor y saxofonista canadiense, Quinsin Nachoff; acompañado por el excepcional saxofonista, David Binney:

Quinsin Nachoff composer, tenor saxophone, soprano saxophone; David Binney alto saxophone, C melody saxophone; Matt Mitchell piano, Prophet 6, modular synthesizer, Novachord, harpsichord, Estey pump harmonium; Kenny Wollesen drums, Wollesonic percussion (#1, #3, #4, #6); Nate Wood drums (#1, #2, #5, #6); and others. Whirlwind Recordings, 2019.

Editorial: Alianza, edición 2009 ↗️
Colección: Biblioteca Chandler
Traducción: Juan Manuel Ibeas Delgado

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