Roberto Arlt “El Juguete Rabioso” (1926) Libro, Ed. Cátedra 2011

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La irrupción de Roberto Arlt: El juguete rabioso.

En El juguete rabioso (1926), Roberto Arlt presenta a Silvio Astier, un joven atrapado entre la miseria, la frustración y el deseo de encontrar un lugar en un mundo que lo rechaza. La novela despliega un retrato áspero de Buenos Aires y anticipa muchas de las obsesiones que Arlt desarrollará en su obra posterior: la humillación, la violencia, la marginalidad y la búsqueda desesperada de sentido. La edición de Cátedra (2011) ofrece un aparato crítico que ilumina la complejidad de esta primera novela.

En Roberto Arlt es imposible separar las circunstancias familiares y sociales que vivió de su obra. Hijo de emigrantes, creció en un hogar acosado por la pobreza, marcado además por la muerte de dos hermanas a causa de la tuberculosis. Su padre, severo y autoritario, encadenaba oficios y pasaba largas temporadas lejos de casa; en contraste, la figura de la madre se convirtió en un apoyo decisivo. Religiosa, pero fascinada por la astrología, las ciencias ocultas y los sueños premonitorios, dejó una huella profunda en la sensibilidad del escritor, que incorporó ese imaginario a su universo literario.

Frente al autoritarismo imperante, surgieron grupos libertarios con los que Arlt simpatizó. Ese mismo autoritarismo se manifestaba en la escuela, y Roberto abandonó la educación estatal a los catorce años para seguir un camino autodidacta. A los dieciséis tuvo que ponerse a trabajar —mecánico, corredor de papel— debido a la falta de recursos y a la ausencia del padre. Esa experiencia temprana de precariedad, humillación y rebeldía moldeó su mirada y se proyecta con fuerza en sus personajes.

La madre de Arlt revelaba en una carta la dura adolescencia que tuvo que atravesar su hijo: trabajos mal pagados, jornadas interminables y un padre que apenas le dirigía la palabra. De ahí, afirmaba ella, procedía la amargura que impregnaba sus escritos. Frente al autoritarismo que dominaba la sociedad, surgieron grupos libertarios con los que Arlt simpatizó. Leía de forma voraz: folletines franceses, manuales técnicos, libros esotéricos y ocultistas, además de los clásicos.

Tras una fuerte discusión, su padre lo expulsó de casa, obligándolo a desempeñar diversos oficios: dependiente de librería, aprendiz de hojalatero, pintor… Paralelamente, comenzó a frecuentar los círculos literarios de Flores, donde se empapó de lecturas decisivas: Dostoievski, Baudelaire, Poe, Baroja, entre otros. Ese cruce entre precariedad vital y formación autodidacta moldeó la sensibilidad que luego estallaría en El juguete rabioso y en toda su obra posterior.

La obra, narrada en primera persona por Silvio Astier —con quien, como ya he señalado, Arlt comparte numerosos rasgos biográficos, más allá de los extremos ficcionales—, se sitúa en la ciudad de Buenos Aires. Es una novela plenamente urbana, que describe con minuciosidad sus callejas, plazas, comercios y antros, componiendo un mapa vibrante y sórdido de la ciudad moderna.

Hasta entonces, la novela argentina había estado anclada en el campo y en el universo del gaucho. Es cierto que autores como Lugones y Güiraldes —este último, padrino literario de El juguete rabioso— estaban renovando las letras nacionales, pero es con Roberto Arlt cuando la ciudad se convierte en auténtica protagonista. Su Buenos Aires no es decorado ni telón de fondo: es un organismo vivo, contradictorio, hostil, que moldea a los personajes tanto como ellos lo padecen.

Roberto Arlt, autor de El juguete rabioso

La novela está dividida en cuatro partes y, aunque podría leerse como una suerte de novela de aprendizaje, lo que observamos en realidad es la paulatina degradación de Silvio. Como Arlt, el protagonista debe sobrevivir encadenando empleos mal pagados, atrapado en una vida que no le ofrece salida alguna. Su deseo de escapar de esa pobreza se alimenta de la ficción de los folletines, donde los héroes roban a los ricos para ayudar a los pobres, un imaginario que Silvio intenta trasladar —de forma torpe y desesperada— a su propia existencia.

A lo largo del libro, Roberto Arlt critica con fuerza el acceso restringido a la cultura, condicionado por el dinero, y defiende la necesidad de un acceso gratuito a los libros. Conforme avanza la obra, Silvio quiere leer, aprender, formarse, pero la realidad lo obliga a trabajar sin descanso. De ahí su lamento: “Cómo estudiar, si tengo que aprender un oficio para ganarme la vida”, que resuena con la queja del propio Arlt: “cómo escribir, si tengo que dedicar la mayor parte del tiempo a trabajar duro”. Es la lucha por la vida, en el sentido más darwiniano: la supervivencia como única ley, la cultura como un lujo inalcanzable para quienes apenas pueden sostenerse.

El protagonista fracasa en sus acciones innobles, pero resulta significativo que, en una acción que pretende ser un “bien” para la sociedad —aunque éticamente reprobable—, logre su propósito. Hay en ello un eco evidente de Dostoievski, esa tensión entre culpa, necesidad y justificación moral que atraviesa a los antihéroes más memorables. Silvio Astier pertenece a esa estirpe: un personaje que queda grabado en la memoria por su mezcla de fragilidad, lucidez y desesperación.

Otra novedad que introduce Arlt en la literatura argentina de la época es el uso de un lenguaje popular y coloquial. Incorpora el lunfardo, fruto de las corrientes inmigratorias de finales del siglo XIX y principios del XX, empleado por las clases bajas y medias bajas. Roberto Arlt, obligado a sobrevivir en ambientes marginales, se relacionó con todo tipo de personas y absorbió ese registro vivo y callejero. A ello suma términos técnicos y científicos, fruto de su afición a leer manuales de cualquier disciplina, y un lenguaje culto procedente de sus lecturas en bibliotecas de barrio, muchas de ellas traducciones españolas de clásicos. Esa mezcla —popular, técnica y elevada— es una de las marcas más singulares de su estilo.

El grotesco y el absurdo atraviesan la novela, con claras resonancias kafkianas. Roberto Arlt subraya lo más negativo del ser humano y enlaza con el esperpento de Valle-Inclán, ambos influidos por el expresionismo europeo. Los personajes deformados ocupan un lugar destacado: el Rengo y su cojera, por ejemplo, funcionan como signos visibles de una maldad latente. Todo ello refleja el profundo desarraigo social que vivía la Argentina de aquellos años, una sociedad fracturada que Arlt retrata sin concesiones.

Aunque el existencialismo francés —con Sartre como figura central— se consolidaría a partir de la década de 1930, en Silvio Astier ya se advierten actitudes que lo aproximan a esa sensibilidad. Hay puntos de contacto con Raskólnikov, el personaje de Dostoievski: la angustia, la búsqueda de sentido, la tensión moral. Sin embargo, Astier no alcanza la atormentada conciencia de culpa del protagonista ruso; su deriva es más silenciosa, más resignada, pero igualmente reveladora de un mundo que lo expulsa.

A Arlt se le han recriminado con frecuencia sus fallos sintácticos y gramaticales. Pero, conociendo al autor —crítico feroz de toda forma de oficialidad—, su escritura funciona más bien como una libertad transgresora, una resistencia explícita a las normas de corrección impuestas. Lo que verdaderamente importa es la obra, y esta supura autenticidad y honestidad por todos sus poros, con un poso de amargura latente que refleja tanto la época convulsa que vivía Argentina como la propia vida del escritor.

El juguete rabioso inaugura el universo literario de Roberto Arlt con una fuerza inusual. Publicada en 1926 y recuperada en la edición crítica de Cátedra (2011), la novela traza un retrato descarnado de la pobreza urbana y de la lucha por la dignidad. Su estilo directo, su mirada feroz y su capacidad para captar la angustia moderna convierten esta obra en una lectura imprescindible.


Una buena parte de los tangos y milongas de la época se cantaban empleando la jerga lunfarda que Arlt incorpora en la novela. Ese registro popular, nacido del cruce de inmigraciones y de la vida en los arrabales, forma parte del mismo universo que respira el libro. En el disco puede apreciarse una selección variada de tangos, valses y milongas, que dialogan con ese trasfondo lingüístico y emocional: músicas que, como la prosa de Arlt, mezclan melancolía, desgarro y una mirada irónica sobre la vida urbana:


Editorial: Cátedra, Letras Hispánicas, edición 2011 ↗️
Edición: Rita Gnutzmann
Fuente de Imagen de Arlt: https://www.escritores.org/biografias/429-roberto-arlt

En la página se encuentra la crítica de Los siete locos, también de Roberto Arlt ↗️