Will Eisner «A Contract With God» 1978 «Contrato con Dios» Norma 2002

Comienzo la serie de Cómics Esenciales, con la obra que abrió las puertas hacia una nueva narrativa que la emparentaba con la literatura: «Un Contrato con Dios», del maestro de maestros, Will Eisner.

El padre de Will, emigró de Austria a Estados Unidos antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Se dedicaba a pintar murales en iglesias y otros edificios públicos, en Viena. Esa influencia llegó a ser básica en nuestro autor, que siempre se sintió apoyado por su progenitor.

Nacido en 1917, Eisner, ya en sus estudios de instituto, participaba en la revista del mismo, aportando sus ilustraciones.

Después de graduarse consiguió trabajo de caricaturista en el diario «New York American» y en revistas pulp. Continuó trabajando en diversos medios hasta 1936, año en que se asoció al editor Jerry Iger para fundar el estudio, Eisner & Iger, por el que desfilaron algunos dibujantes destacados, como Jack Kirby o Bob Kane.

A finales de 1939 ambos se separaron y Eisner entró a dibujar comic-books para la editorial Quality Comics Group. En 1940 comenzó la serie del joven héroe enmascarado, The Spirit.

Eisner junto a un cartel de The Spirit (Getty images derechos)

El personaje principal, Danny Colt, era un justiciero enmascarado que se dedicaba a combatir el mal en la ciudad imaginaria de Central City (trasunto de la ciudad de Nueva York). Con visos de novela negra, llamó pronto la atención debido a los encuadres cinematográficos, las luces y sombras aplicadas en el dibujo y la original técnica narrativa empleada por Eisner. Tanta importancia adquirió que paso a editarse como tira diaria. La guerra impidió la serie al ser enrolado Will, aunque siguió editándose con otros dibujantes. Eisner la retomó en 1945 para no abandonarla hasta su conclusión, que tuvo lugar en 1952.

Una vez finalizado su trabajo con The Spirit y hasta 1977, Eisner se mantuvo en el negocio del cómic, en la American Visuals Corporate, pero apartado de las tareas creadoras.

Este preámbulo sitúa en contexto al autor y sirve para dar inicio al período que nos ocupa, con la obra «Contrato con Dios», en 1978.

Eisner sentía la necesidad de volver a las tareas creativas, pero intuía que tenía que cambiar la manera de enfocar las historias, apartándose de la línea seguida en su trabajo con The Spirit. Se sentía espoleado por la incipiente escena underground, que estaba teniendo lugar dentro del mundo del cómic en Estados Unidos. Pero quería ir más allá, deseaba conferir al cómic una calidad en lo narrado que conjuntada con una composición visual coherente la pudieran equiparar al mismo nivel que los textos literarios. Y este cambio, se inicia en «Contrato con Dios», precisamente.

Eisner plantea cuatro relatos cortos a modo autoconclusivo y con un texto similar en calidad al aplicado en la literatura en los cuentos o relatos cortos. La importancia de este concepto es tal que Eisner crea por primera vez, lo que se conocerá como «Novela Gráfica», disponiendo los cimientos que luego servirían de base para innumerables dibujantes y guionistas y confiriendo al cómic la importancia que merecía no sólo en la faceta ilustrativa sino en la vertiente narrativa también.

«Contrato con Dios» presenta tintes autobiográficos en gran parte de los textos, completados con otra parte ficcional totalmente inventada por Eisner para adecuarla a los relatos.

Las historias se suceden en el «Tenement» o edificio de apartamentos de alquiler del número 55 de la Avenida Dropsie, en el barrio del Bronx de Nueva York. Adquirieron importancia a partir de 1920 con la inmigración que se produjo a raíz de la Primera Guerra Mundial.

Suelen centrar los relatos gentes humildes, inmersos en los problemas de subsistencia inherentes, ante la crisis de 1929, pero también manteniendo sus propias preocupaciones, además de sus ambiciones y sueños de mejora.

El primer relato con el mismo nombre que el título del libro, está protagonizado por el judio Frimme Hersh. Por sus buenas obras desde pequeño, adquiere de un modo «particular» una especie de «Contrato con Dios», que plasmará en una piedra. Seguirá aplicando su bondad a lo largo de su vida hasta el día que de manera drástica pierde a su hija.

El comienzo es memorable, difícilmente puede uno dejar de recordar. Vamos observando en sucesivas escenas a un hombre abatido avanzar a duras penas ante un inmenso aguacero camino de su casa, tras haber enterrado a su hija.

Escena del relato «Contrato con Dios»

Ante la muerte de su hija, Frimme se plantea las dudas de ese Dios «benévolo» que parece haber «incumplido» el contrato que vinculaba a los dos.

Eisner se inspira en el fallecimiento de su hija en 1970, a causa de la leucemia, cuando contaba con tan sólo dieciséis años. Este hecho, ocho años después sigue atormentando a nuestro autor y le sirve de base para el relato.

Eisner, en alguna entrevista concedida, hablaba de su «propia impotencia» ante la pérdida de su hija y las recriminaciones a un posible ser superior, en caso de existir. Will, exorciza en el relato, sus demonios interiores y parece querer expulsarlos al plasmarlos en el papel.

El relato del judío Frimme Hersh, a partir de un momento de la narración, tomará un rumbo inmerso en la ficción, no teniendo ninguna vinculación con la vida del autor. Aquí comenzamos ya a vislumbrar la pericia de nuestro dibujante para otorgar a las historias caminos poco transitados.

En los dos siguientes relatos, el autor se inspira en sus vivencias y observaciones de la gente en su devenir diario en Nueva York a lo largo de los años.

En la segunda historia, «El cantante callejero», el personaje principal trata de ganarse la vida cantando por los barrios donde a cambio de su canto, la gente arroja sus monedas por los balcones.

Escena de «El cantante callejero»

La historia toma un rumbo prometedor para el cantante, al ser acogido por una diva del canto en declive, que pretende encaminar el porvenir de su acogido, en el negocio musical.

En el relato, el drama del alcohol y los malos tratos está presente y la historia tomará un camino inesperado, como ocurría en el primer relato, donde Eisner demuestra su habilidad en la composición narrativa del texto que recuerda a grandes cuentistas, como Chéjov, Hemingway, Cortázar o Ribeyro; que suelen aplicar a sus relatos, desarrollos y finales magistrales.

«El Super» es el tercer relato del libro. En el tenement hay un administrador que es la mano derecha del casero. Es un hombre huraño al que los vecinos tienen miedo por su mal humor y sus continuados desplantes. Tras su mascara parece encontrarse un hombre inmerso en la incomprensión y la soledad.

Escena de «El Super»

Todo se complica cuando el hombre es atraído por una menor interesada, derivando la narración a una tragedia inevitable. Will nos muestra los claroscuros que hay detrás de la historia.

El último de los relatos, «Cookalein», es un retrato colectivo de una serie de personajes que ante la llegada del verano, planean sus vacaciones en función de los ingresos adquiridos a lo largo del año.

Escena de «Cookalein»

La familia retratada en la imagen anterior viajará a «Cookalein», especie de hotel que tiene apartamentos donde se puede cocinar, con una habitación para dormir que tendrá que ser ocupada por los cuatro integrantes de la familia. Will nos sigue hablando de las penurias de la época. También refleja el autor la incomprensión en el matrimonio. El marido y su mujer mantienen una distante relación sostenida en pie solamente en función de la manutención y educación de sus hijos.

Se dan cita más personajes en la historia y Eisner profundiza en las ilusiones que unos y otros presentan ante esas vacaciones venideras. Por otra parte, nos muestra la división social entre unos y otros. Mientras que los más pobres tienen que conformarse con estancias humildes, los más pudientes podrán establecer su veraneo en lugares más acomodados.

Si en general, la visión de Eisner a lo largo del libro es de carácter realista, no se debe desdeñar cierta tendencia al «expresionismo», en las expresiones teatrales de los personajes. Esos gestos, deben mucho, a mi entender, al cine mudo; donde los intérpretes a falta de la expresión vocal, enfatizaban sus gestos y movimientos corporales. Tampoco en su libro debemos olvidarnos de su labor anterior en The Spirit, donde muchas escenas aún recuerdan los encuadres y técnicas que Eisner empleó en las historias de su caballero justiciero.

Estamos ante un cómic de lectura obligatoria, no sólo porque sirvió de base para que, como arte visual y narrativo, alcanzará la madurez deseada, sino también para contemplar la maravilla que produce Eisner, donde la planificación y el desarrollo adquieren un carácter extraordinario. Eisner siempre manifestó su deseo de ver los cómics en los mismos estantes que los libros de literatura.

Aprovechad también el lanzamiento reciente de la editorial Norma, incluyendo a su vez «Ansia de Vivir» y «La Avenida Dropsie». ¡No tenéis excusa!

Nuevo lanzamiento de Norma Editorial en 2017

Os dejo, como complemento, un interesantísimo vídeo del Salón del Cómic de Barcelona en 1981, donde el autor acudió. Doblado al español, Eisner habla un poco de su trabajo en torno al mundo de los Cómics:

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