Christina Pluhar – La Torre del Oro: un viaje entre España y Latinoamérica · Sugerencias de escucha 2026

L'Arperggiata Christina Pluhar, La torre del oro frontal
Si te ha tocado un poco, preferiría que lo compartieras.

El lugar donde Christina Pluhar convierte la tradición en un viaje personal.

En La Torre del Oro, Christina Pluhar vuelve a situar la música antigua en un territorio de tránsito: un espacio donde las tradiciones ibéricas dialogan con las músicas vivas de México, Venezuela, Chile y Argentina. El punto de partida es Sevilla, puerto histórico desde el que partían los galeones hacia el Nuevo Mundo y donde, durante siglos, circularon repertorios, instrumentos y prácticas que hoy reconocemos en el son jarocho, el joropo o la tonada. El disco no reconstruye ese pasado: lo reactiva, lo mezcla y lo deja respirar desde la libertad interpretativa que define a L’Arpeggiata.

“A pesar de toda la investigación que he realizado, es siempre una visión muy personal. Nunca se sabe si uno tiene razón o no. Lo hago porque siento que tengo una idea que va en la dirección correcta”.

Christina Pluhar con L Arperggiata
Christina Pluhar con L’Arperggiata (Por Ellywa CC BY-SA 4.0)

🎯 Las sugerencias de escucha 2026 reúnen una selección abierta y diversa de álbumes que irá creciendo disco a disco. Del rock y pop independiente a las músicas de raíz, pasando por el folk, el jazz, la música brasileña o distintas formas de música instrumental, cada entrada busca abrir un espacio para la exploración sonora sin etiquetas ni fronteras.
No se trata de construir una lista definitiva, sino de compartir hallazgos musicales que merecen ser escuchados. Los estilos conviven, se cruzan y a veces se contradicen —como lo hace la música cuando está viva.

La playlist de 2026 irá creciendo disco a disco. Puedes escucharla aquí:
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Y si te apetece volver atrás, aquí tienes el recorrido sonoro de 2025:
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Aquí puedes escuchar el álbum completo sin salir de la página mientras avanzas por la reseña que lo acompaña.

Christina Pluhar – L’Arpeggiata, La torre del oro

CRÉDITOS

Christina Pluhar – concepto, programa, arreglos, dirección y tiorba; Céline Scheen – soprano (12, 14, 16); Luciana Mancini – mezzosoprano (1, 3, 4, 6–9, 15, 17); Vincenzo Capezzuto – voz (timbre híbrido, entre lo popular y lo lírico) (4–6, 8, 10, 13); Manuel A. Sánchez – voz & cuatro (2, 18); Josep Maria Martí Duran – archilaúd & guitarra barroca; Marie-Domitille Murez – arpa barroca; Leonardo Teruggi – contrabajo; Dani Espasa – clave & órgano; Francesco Turrisi – acordeón & percusión; Doron Sherwin – cornetto; David Mayoral – percusión; Sergey Saprychev – percusión; Rafael Mejías – maracas; Álvaro Pinto – jarana & ronroco; Manuel Barreto – arpa llanera

BIOGRAFÍA

Christina Pluhar (Graz, 1965) es una de las creadoras más singulares de la música antigua contemporánea: laudista, tiorbista, arpista barroca, directora, arreglista y compositora. Tras formarse como guitarrista clásica en Graz, descubrió pronto su afinidad por la música del Renacimiento y el Barroco, lo que la llevó a estudiar laúd, tiorba, guitarra barroca y arpa barroca en los centros más influyentes de Europa: el Real Conservatorio de La Haya con Toyohiko Satoh, la Schola Cantorum Basiliensis con Hopkinson Smith y la Civica Scuola di Milano con Mara Galassi. También recibió clases magistrales de figuras como Paul O’Dette, Patrick O’Brien y Jesper Bøje Christensen.

En 1992 obtuvo el primer premio del Festival de Música Antigua de Malmö con el conjunto La Fenice, y desde entonces reside en París, donde ha trabajado como solista y continuista con algunos de los conjuntos más relevantes del panorama europeo —Hespérion XXI, Il Giardino Armonico, Les Musiciens du Louvre, Ricercar Consort, Accordone— y bajo la dirección de René Jacobs, Ivor Bolton o Alessandro di Marchi. Desde 1999 es profesora de arpa barroca en el Real Conservatorio de La Haya.

En el año 2000 fundó L’Arpeggiata, un conjunto vocal e instrumental convertido en un laboratorio de mezcla: música antigua, tradición oral, jazz, improvisación y repertorios populares conviven sin jerarquías. Su sonido —construido alrededor de las cuerdas pulsadas y de un continuo que respira con libertad— es hoy inconfundible. Pluhar concibe siempre su trabajo como una lectura personal, guiada más por la intuición que por la ortodoxia, y esa libertad es la que ha definido su trayectoria.

Su discografía con L’Arpeggiata incluye proyectos que han marcado un antes y un después en la recepción de la música antigua: La Tarantella, Los Impossibles, Teatro d’Amore, Via Crucis, Los Pájaros Perdidos, Mediterraneo, Music for a While, Orfeo Chamán o Händel Goes Wild, entre otros. En 2012, L’Arpeggiata se convirtió en el primer conjunto barroco en obtener una residencia artística en el Carnegie Hall.

La Torre del Oro (Erato, 2026) se inscribe de manera natural en esta trayectoria: un proyecto donde Pluhar vuelve a tender puentes entre la tradición ibérica y las músicas vivas de Latinoamérica, desde el joropo venezolano hasta el son huasteco mexicano, pasando por la zamba argentina o la poesía renacentista de Alonso Mudarra. Un disco que no reconstruye repertorios: los reactiva, los mezcla y los deja respirar en un espacio donde la historia y la intuición conviven con una libertad profundamente contemporánea.

TRACKLIST

1. Guayabo zarandeao (joropo central) Traditional Venezuelan · text: Carlos Cumarín b.1969 2.59 2. Cumaná 500 años (polo margariteño) Traditional Venezuelan / Alonso Mudarra c.1510–1580 (romanesca) text: Iván Pérez Rossi b.1943 (arr. Manuel A. Sánchez & Christina Pluhar) 5:01 3. La Diablera (zamba) Hilda Herrera (b.1932) · text: Antonio Nella Castro (1921–1989) arr. L’Arpeggiata 4:25 4. Yo vengo regando flores (merengue venezolano) Agustín “Chupa Caña” Rivas · text: traditional Venezuelan arr. Manuel A. Sánchez & Christina Pluhar 4:53 5. Que me entierren en un arpa (joropo llanero) Traditional Venezuelan · text: Ramón Castillo (1936–1973) 2:47

6. La Sirena (huapango huasteco) Traditional Mexican arr. Christina Pluhar 3:50 7. La Martiniana (son huasteco) Traditional Mexican arr. L’Arpeggiata 5:30 8. El Coco (son jarocho) Traditional Mexican arr. L’Arpeggiata 4:01 9. La Lavandera Violeta Parra (1917–1967) arr. L’Arpeggiata 5:34 10. El Gavilán (joropo llanero) Ignacio “Indio” Figueredo (1899–1995) · text: Ángel Custodio Loyola (1926–1985) arr. L’Arpeggiata 3:07 11. Fandango (instrumental) Santiago de Murcia (1673–1739) arr. Josep Maria Martí Duran 6:11 12. Claros y frescos ríos Alonso Mudarra arr. Christina Pluhar 2:13 13. La Petenera (son huasteco) Traditional Mexican arr. Christina Pluhar 4:12

14. La mañana de Sant Juan Alonso Mudarra arr. Christina Pluhar 2:45 15. El Indio (pasaje llanero) Reynaldo Armas (b.1953) 3:32 16. Si me llaman Alonso Mudarra arr. Christina Pluhar 2:45 17. Pajarito en sol (pajarillo) Traditional Venezuelan · text: Henry Martínez (1950–2025) arr. L’Arpeggiata 7:02 18. Tonada de luna llena (tonada llanera) Simón Díaz (1928–2014) arr. Manuel A. Sánchez 3:35 Duración total 74:29 Grabación: 16–21.VI.2025, Abbaye de Saint-Michel en Thiérache, France 17.XI.2025, TAC (Territoire Art et Création), Bois-Colombes, France Lanzamiento: Warner Classics/Erato Mayo, 2026

🎧 ESCUCHA CRÍTICA — La Torre del Oro

El disco se abre lejos de Sevilla, en los Llanos venezolanos, con un joropo que entra sin pedir permiso. Guayabo zarandeao marca el pulso inicial: un vaivén entre la queja y la fiesta, donde la voz confiesa “Tengo un guayabo zarandeaito / y es como un clavo que no me quito”. Desde ese primer compás, se adivina que Pluhar no persigue un pasado fijo: se deja llevar por una música que permanece viva, que respira y se mueve.

En Cumaná 500 años, la mirada se vuelve histórica sin perder el ritmo. El verso “Buscando en el pasado tu alborada / entre galeones de viejas travesías” funciona como un espejo: Cumaná y Sevilla se miran desde dos orillas que llevan siglos comunicándose. El merengue de Yo vengo regando flores introduce un humor melancólico —“Floja me quedó en el dedo y apretada en el amor”— que L’Arpeggiata sostiene con un acompañamiento ligero, casi juguetón. Y cuando llega Que me entierren en un arpa, el joropo llanero se vuelve epitafio: “Que me entierren en un arpa / mañana cuando yo muera”. El arpa no es instrumento: es identidad, destino, tumba y celebración.

El Gavilán empuja el disco hacia adelante con una energía casi cinematográfica —“Canoero del río Arauca, pásame pa’l otro la’o”— antes de que Pajarito en sol abra un espacio narrativo más íntimo, donde la voz recuerda: “Llegaste anoche y te fuiste, pajarito, temprano en la madrugada”. El bloque venezolano se cierra con la suspensión nocturna de Tonada de luna llena, donde la frase “La luna me está mirando / yo no sé lo que me ve” convierte la canción en un ritual de quietud.

México entra como un cambio de luz. El Coco (son jarocho) transforma la muerte en compañera de baile —“La muerte gimiendo llora / y yo le digo que no”— y convierte la fiesta en un espacio donde lo trágico se desarma. En La Sirena, el huapango huasteco se vuelve líquido: “Soy la sirena encantada porque Dios lo decretó” flota sobre un cornetto que respira como una voz y ondula como agua.

La Martiniana aporta una de las cumbres emocionales del disco: “No me llores, no, porque si lloras yo peno”, una filosofía entera del son condensada en un verso. Y La Petenera, siempre ambigua, siempre fronteriza, recuerda que las músicas no tienen un origen único: “Quien le puso Petenera / no la supo bautizar”.

El viaje desciende hacia el Cono Sur y el tono se vuelve más narrativo. La Diablera funde cuerpo y paisaje —“Y los huesos se le hacen cedro, roble, lapacho, guayacán o tipa blanca”— mientras el arreglo respira sin dramatizar lo que ya es intenso. La Lavandera, última canción de Violeta Parra, aparece con una delicadeza que conmueve por su desnudez: “El amor es una mancha / que no sale sin dolor”. Pluhar abre la pieza con un gesto suave y lánguido en las cuerdas pulsadas; el acordeón entra después, también contenido, mientras el órgano sostiene un fondo casi imperceptible. Solo entonces aparece la voz, y más adelante el cornetto asoma de forma puntual, como un destello que amplía el espacio.

Después de atravesar América, el disco mira por fin hacia España. Y lo hace desde el universo de Alonso Mudarra, uno de los nombres esenciales del Renacimiento sevillano, cuyas piezas se recrean aquí con otras cuerdas pulsadas históricas —archilaúd, guitarra barroca, tiorba— en lugar de la vihuela original. En sus canciones —Claros y frescos ríos, La mañana de Sant Juan, Si me llaman— la música y la poesía se entrelazan con una delicadeza que Pluhar recoge sin arqueología: la voz se repliega, las cuerdas pulsadas respiran, y el acompañamiento adquiere ese papel expresivo que Mudarra inauguró en el siglo XVI.

En ese paisaje aparece el Fandango de Santiago de Murcia, vibrante e instrumental. La pieza es barroca, escrita para guitarra barroca, pero los arreglos de Josep Maria Martí Duran la empujan hacia un aire casi flamenco: la guitarra acentúa el rasgueo y abre el compás, y Pluhar, desde el tiorbo, responde con un ataque más rítmico y percutivo. No es flamenco, pero ambos se lucen en ese territorio “aflamencado” que convierte el fandango barroco en un puente vivo entre épocas y orillas.

Tras ese cruce, Claros y frescos ríos se vuelve íntimo —“Oídme, oídme juntamente, mi voz amarga, ronca y tan doliente”—, La mañana de Sant Juan despliega un fresco granadino lleno de color, y Si me llaman cierra el bloque español con un gesto mínimo, casi un guiño: “Si me llaman, a mí llaman”.

En medio de tantos cruces, El Indio pone nombre a una identidad que no requiere de la pureza para afirmarse: “Indio me dice la gente / y para mí es un honor”. Suena como una declaración suave pero firme, un recordatorio de que estas músicas nacen de mezclas, de heridas, de resistencias y de celebraciones.

🎼Cierre

La Torre del Oro es un disco hermoso, pero también un gesto arriesgado: toma músicas que nacen de contextos muy concretos —los Llanos, Veracruz, la tradición mapuche, el Renacimiento sevillano— y las reinterpreta desde una sensibilidad europea que no siempre evita la estilización. Pluhar asume esa subjetividad desde el principio: deja a un lado cualquier reconstrucción para entregarse a su propia lectura. Esa honestidad es clave, porque el proyecto funciona precisamente cuando reconoce ese punto de vista y no intenta disfrazarlo de reconstrucción histórica.

La lectura de L’Arpeggiata ilumina conexiones reales —el pulso común, el viaje de los ritmos, la respiración compartida entre orillas—, pero a veces corre el riesgo de suavizar las aristas que hacen que estas músicas sean lo que son. El joropo pierde algo de su aspereza, el son jarocho se vuelve más pulido, la tonada se vuelve más contemplativa. No es un problema: es una elección estética. Pero conviene recordarlo para no confundir tradición con “atmósfera” ni mestizaje con fusión amable.

Lo más interesante del disco ocurre cuando esa tensión se hace audible: cuando el fandango barroco se “aflamenca” sin dejar de ser barroco, cuando la tonada se vuelve casi un rezo, cuando las cuerdas pulsadas renacentistas respiran como si escucharan a América de vuelta. Ahí, en ese espacio donde la interpretación no oculta sus límites sino que los convierte en parte del discurso, es donde el proyecto adquiere una profundidad que va más allá de la belleza sonora.

No es un mapa ni una tesis: es una lectura crítica. Y como toda lectura crítica, ilumina unas zonas y deja otras en sombra. Lo valioso es que no pretende otra cosa. El disco no explica el viaje entre orillas: lo encarna, con sus hallazgos, sus licencias y sus contradicciones. Y quizá ahí, precisamente ahí, reside su verdad más honesta.

Para seguir explorando conexiones, afinidades y desvíos musicales, puedes visitar el archivo: Sugerencias De Escucha Musicales Independientes 2023–2026


Si te ha tocado un poco, preferiría que lo compartieras.