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Juan José Saer “Cicatrices” Seix Barral 2003

El hecho sobre el que giran las cuatro narraciones cortas de la obra, nos es desvelado prácticamente al inicio. Un obrero, Luis Fiore mata a su mujer el 1 de mayo de 1963. Pero no importa tanto el hecho principal, cargado de simbolismo ciertamente, por ocurrir el día del trabajador, además de haber sido Fiore sindicalista; como la forma de narrar empleada por Saer, en una de sus primeras novelas relevantes.

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Se sitúa en tiempo de la dictadura de José María Guido. Se respira cierto ambiente represor y los personajes manifiestan un acercamiento al peronismo proscrito por la dictadura.

En los cuatro relatos, tenemos cuatro personajes diferentes. Todos narran en primera persona y aunque son narraciones independientes, salvo la última, relatada por el propio Fiore, convergerán con el suceso principal en algún punto, además de producirse una interrelación entre los mismos en más de un relato.

En primer lugar tenemos al joven periodista Ángel Leto. Es contratado en el diario por medio de su amigo, Tomatis (con rasgos comunes al autor). Es un amante de la lectura, sorprende el contraste de libros, no parece gustarle nada la obra de Nabokov y descalifica al creador de James Bond:

“Después me daba un baño y me sentaba a leer. Durante los cinco días de suspensión, en los que no salí de casa, leí La montaña mágica, que me gustó muchísimo; Luz de agosto, fabulosa; un libro verde que se llamaba Lolita, una verdadera mierda; El largo adiós, obra francamente genial, y dos novelas del tarado de Ian Fleming”.

Vive junto a su atractiva madre, con la que mantiene una extraña relación de amor y odio, denotando conflictos edípicos.

En Ángel se produce una confusión entre la ficción y lo real. Gusta mucho de Marlowe, haciendo juegos detectivescos en plena calle siguiendo a tipos. Se produce una identificación con la idea de “doble”:

“Era tan idéntico a mí que dudé de estar yo mismo allí, frente a él, rodeando con mi carne y mis huesos el resplandor débil de la mirada que estaba clavando en él. Nunca nuestros círculos se habían mezclado tanto, y comprendí que no había temor de que él estuviese viviendo una vida que a mí me estaba prohibida, una vida más rica y más elevada”.

Todo ello parece indicar una huída de sí mismo y de la realidad, amparándose en la ficción y en la búsqueda del “otro” para vivir otra vida posible.

Mantiene una amistad con el juez del caso y narrador en el tercer relato, Ernesto Garay, lo que supondrá su acceso al interrogatorio del homicida Fiore.

El segundo relato es un claro homenaje a la novela de Dostoievski, “El Jugador”. Sergio Escalante es el narrador. Abogado que vive de manera enfermiza el juego, apostando. Trata de razonar hasta el extremo las probabilidades de acierto:

“Mientras recibía los doce rectángulos verdes, que tenían grabada la cifra en el centro, con números dorados, pensé que en el pase siguiente el juego iba a cambiar, y después puse cinco rectángulos verdes a punto. Vino punto. Me devolvieron diez. Volví a dejar cinco a punto, y volvieron a entregarme diez. Tenía un montón tan grande de rectángulos verdes y óvalos dorados, que cuando colocaba sobre ellos las palmas abiertas de las manos, con los dedos muy separados, no los podía cubrir. Ahora van a venir tres puntos más, y después dos bancas, pensé. Voy a jugar cinco fichas por pase, y después del quinto me levanto y me voy”.

Se relaciona como Ángel, con Tomatis.

No dudará en emplear el dinero que su criada tiene ahorrado para apostar, en su fijación por el juego.

Trata de huir de la vida diaria sofocante a través del juego, pero se topará con la cruda realidad violenta.

Coincidió con Fiore tiempo atrás y rechazando defenderlo, manifiesta una clara alusión al difícil momento de Argentina, aludiendo a la represión que se vive en la calle:

“Va a estar cómodo en la cárcel, más cómodo que afuera, dije yo. En todo sentido siempre se está más cómodo en la cárcel”

El tercer relato es a través del juez Ernesto Garay, que se ocupará del caso Fiore. Su vida es atormentada. No puede vivir abiertamente su inclinación sexual, en una sociedad retrógrada y un Estado dictatorial. Incluso se verá amenazado constantemente. Está traduciendo “El retrato de Dorian Gray”, de claro contenido simbólico con su homosexualidad. Se siente cómodo como Ángel en el ámbito literario. Saer a través de la narración repetitiva de los movimientos rutinarios del personaje, acrecienta la soledad e incomprensión en la que vive. Ve opresiva la realidad definiendo a la mayoría de las personas como “gorilas”. Mantiene amistad y deseo con el protagonista del primer relato, Ángel.

El último relato será la propia narración de Fiore el día 1 de Mayo, día en que asesina a su mujer.
Ve obsesivamente lo que considera provocación constante de su mujer hacia él. Siente nostalgia por su pasado sindicalista que en el momento actual con la dictadura se torna imposible continuar. Su exaltación llegará al máximo cuando su esposa recrimina su sindicalismo:

“—El señor se cree dueño del mundo y no es más que un ladrón de sindicatos”

Las cicatrices en los cuatro personajes afines al peronismo en la obra, son evidentes. Saer a través de ellos narra la difícil cotidianeidad dentro del Estado dirigido por Guido. Sin aludir directamente a la represión dictatorial, hábilmente a través de detalles deja constancia de su nefasta influencia. Cabe observar cierta influencia de su querido autor, Faulkner, pero imprimiendo su personal manera de narrar.

Ángel y Ernesto escuchan el “Concierto para violín y orquesta, opus 36” de Arnold Schönberg:

“Después volvimos al estudio, y Ernesto puso el tocadiscos. Sirvió whisky y nos sentamos a escuchar el disco predilecto de Ernesto, el Concierto para violín y orquesta (opus 36) de Arnold Schönberg. No hablamos una sola palabra mientras duró el concierto”.

Editorial: Seix Barral, edición 2003
Colección: Biblioteca Breve

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