La máquina de sueños de Remedios Varo

 

Remedios Varo, fue una pintora española, apenas reconocida en su país de origen, que emigró a México- considerado por André Breton como «el país surrealista por excelencia«- durante la Segunda Guerra Mundial (1941).

Vivió entre París y Barcelona, donde se movió en círculos bohemios, vanguardistas y surrealistas. Se llamaba Remedios porque antes de que naciera se había muerto su hermana mayor, y ella fue “el remedio”, el consuelo, para la tristeza de sus padres. Guardó siempre el sentimiento -culposo e injustificado- de usurpar el lugar de su hermana desaparecida.  Su pintura es onírica y meticulosa, marcada por el dolor de la guerra, la huida, el exilio, y la experiencia femenina.

María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga (Anglès, Gerona, España, 16 de diciembre de 1908 – Ciudad de México, 8 de octubre de 1963), conocida como Remedios Varo, fue una pintora surrealista, escritora y artista gráfica española.  

La profesión de Rodrigo Varo, su padre, ingeniero hidráulico, librepensador, preocupado por las cuestiones sociales y amante de la mineralogía, oriundo del pueblo andaluz de Cabra (provincia de Córdoba) obligó a la familia a desplazar su residencia. Primero a Marruecos en 1917 y después a Madrid, donde Remedios recibió una instrucción básica en colegios católicos y, posteriormente, se formó artísticamente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fue una de las primeras mujeres estudiantes de esta institución.

Tenía una profunda admiración por El Bosco, El Greco y Goya. En este periodo compartió tertulias y vivencias en la Residencia de Estudiantes, con artistas como García Lorca y Dalí.  

Se casó el 6 de septiembre de 1930 con Gerardo Lizarraga, condiscípulo de la Academia, y juntos se establecieron en París durante un año.

Al regreso, en 1932, se establecen en Barcelona, donde trabajan juntos realizando dibujos publicitarios. Vivió intensamente el clima político libertario y creativo de Barcelona.

En 1935 compartió el estudio con el pintor surrealista Esteban Francés, quien la introdujo a André Breton. Se integró en el grupo surrealista catalán Logicofobista, que perseguía la síntesis del espiritualismo y el surrealismo:

 “Este movimiento tenía por objetivo aunar el arte y la metafísica de un modo que desafiara a la lógica y a la razón”, afirma la periodista Kate Hodges. Remedios Varo participó con tres obras.

Remedios se interesa más y más por la pintura vanguardista, interés que comparte con un nuevo amigo, el pintor Esteban Francés. En 1935 Remedios Varo se separa de Gerardo Lizarraga.

Durante la guerra civil española, se posicionó del lado republicano.

En este período y durante su apoyo activo a los republicanos, conoció en 1936 al poeta surrealista francés Benjamin Péret, afiliado al POUM, que llegó a Barcelona para luchar en la guerra y considerado en las crónicas de la vida de la artista como «su gran amor».

 

En 1937, Péret y Remedios huyeron a Francia, aunque lo hicieron por separado, siendo ella acompañada por Esteban Francés, pisando España por última vez, y reuniéndose con su pareja en París, residiendo por segunda vez en la capital francesa, donde ambos permanecieron hasta la invasión nazi en 1941. Además de André Breton, en Francia conoció a Max Ernst, Óscar Domínguez, César Moro, Roberto Matta, Víctor Brauner, Joan Miró, Wolfgang Paalen, Dora Maar y Leonora Carrington, con los cuales se reunía en el café «Les Deux Magots».

 

Leonora Carrington y Remedios Varo se conocieron a finales de los años treinta, ya que Carrington se había mudado a Paris con Max Ernst, artista alemán que introdujo a Leonora al círculo de los surrealistas, mientras que Remedios Varo vivía ahí desde 1937 con Benjamin Péret, poeta surrealista francés a quien había conocido en Barcelona un año antes.

 

Remedios Varo participó en varias exposiciones de los surrealistas, como la Exposition Internationale du Surréalisme, de 1938, y Le rêvé dans l’art, en 1939, aunque siempre marcó cierta distancia del movimiento en sí. Su marido Benjamin Péret fue encarcelado por negarse a participar en la Segunda Guerra Mundial, mientras que las tropas nazis invadían París. Remedios también fue encarcelada, aunque nunca quiso hablar del asunto, finalmente fue puesta en libertad y marchó con un grupo de amigos a la Francia de Vichy, primero a Canet-Plage, para más tarde trasladarse a Marsella, donde conviviría con más artistas e intelectuales refugiados, en la Villa Air-Bel, mientras esperaban un visado para salir del país.

Gracias a Varian Fry, estadounidense perteneciente al Comité de Salvamento de Urgencia- ubicado en Nueva York, que facilitaba la salida de artistas e intelectuales- en octubre de 1941, consiguieron llegar hasta Casablanca, en Marruecos.

Apenas permanecerían un mes en el país magrebí, ya que el 20 de noviembre de 1941 partieron hacia México a bordo del Serpa Pinto, llegando en diciembre. La política del presidente Lázaro Cárdenas hizo posible que los refugiados recibieran inmediatamente asilo y permiso para laborar. Exiliada política en México primero y, más tarde, naturalizada mexicana, nunca regresó a España.

En 1947, Varo se separó de Péret que regresó a Francia.

Remedios hizo toda clase de trabajos artesanales para ganarse la vida. En México encontró estabilidad, reconocimiento y amistades duraderas. Alrededor de Remedios Varo y de Leonor Carrington se formó una familia, un círculo de amigos estrechos y entrañables, exiliados republicanos, artistas e intelectuales mexicanos (Esteban Francés, Gerardo Lizarraga, Leonora Carrington, Gordon Onslow-Ford, César Moro, Eva Sulzer, Octavio Paz, Kati y José Horna y Gunther Gerzso), con quienes se reunían casi diariamente en su casa, en la calle de Tabasco, en la zona del Distrito Federal conocida como Colonia Roma.

 

 

El apogeo de la carrera de Varo tuvo lugar en la década de 1950.

En 1953, se casó con Walter Gruen, a quien Varo conocía prácticamente desde su llegada a México.

Su primera exhibición en solitario, que tuvo lugar, en 1956, en la Galería Diana de la Ciudad de México, fue muy bien recibida.

Esta época marcó el periodo más prolífico de su carrera. Cuatro cuadros:

Roulotte, Simpatía, El Alquimista, Música solar.

Esta señora que sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (como es correcto hacer al salir del psicoanalista). En el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: un reloj, símbolo del temor de llegar tarde, etcétera. El doctor se llama Dr. FJA (Freud, Jung, Adler).

La obra de Varo es personalísima y exquisita está llena de misterio, de delirio, de literatura: lo onírico, la magia y el simbolismo reinan, pese a la precisión de sus paisajes, geometrías y estructuras arquitectónicas.

Decía Octavio Paz algo así como que Varo «no pinta el tiempo sino la fantasía contra el furor en que el tiempo reposa».

Es una de las más grandes figuras femeninas del surrealismo, a la altura de Leonora Carrington, Leonor Fini, o Maruja Mallo, y en América Latina, EE.UU. o Japón su obra goza de un enorme prestigio.

 

“Algunos dicen que pintaba los sueños porque me vinculé con el surrealismo, pero yo no quería eso, yo deseaba pintar la realidad: la espiritual, intangible, la extra dimensional”.

«Llegué a México buscando la paz que no había encontrado, ni en España la de la revolución ni en Europa la de la terrible contienda, para mí era imposible pintar entre tanta inquietud. En este país encontré la tranquilidad que siempre había buscado. Para mí era imposible pintar entre tanta inquietud.”

 

En sus obras esta muy presente el miedo, la huida, el desarraigo, la incertidumbre, la pequeña barquichuela en un océano extenso en que una pequeña figura femenina está a punto de naufragar.

 

«Nací el 16 de diciembre de 1908 bajo el signo de Sagitario, el arquero que siempre busca la verdad, el escrutador del cielo”

“Remedios Varo ocupaba las ciencias como un tema recurrente en sus obras, a las que expresaba con figuras estilizadas, simbolismo y arquetipos psicoanalíticos. Asimismo, el uso de máscaras y el esoterismo fueron temáticas recurrentes para ella.  

En cuanto a la técnica, Varo solía utilizar el óleo sobre masonite, que consistía en tallar los colores sobre el papel que había sido colocado sobre una superficie rugosa cuya textura era previamente seleccionada para el propósito al que estuviera dirigida.

En la mayoría de sus obras, la artista española utilizaba una paleta de color típica de la Edad Media y del Gótico, rica en ocres, dorados y marrones, que parecen estar cubiertos por un espeso barniz.

Además, Varo agregaba una textura y una luminosidad especiales al rostro de sus personajes con una incrustación de nácar, cuidando cada detalle para crear efectos de realismo.” (Cf.AD, “Leonora Carrington y Remedios Varo: cómo distinguir sus grandes obras”, por Andrea Ochoa, 30 de agosto de 2020).

 

«Puedes ir de acá para allá, pero mientras tú no estés bien, nada de lo que te rodea lo estará». (Remedios Varo)

«Sus cuadros son como enigmáticas preguntas que no encuentran una respuesta precisa», afirma Luis Martín Lozano, uno de los coordinadores de la exposición: «Varo un pie en la tradición, y el otro, en la experimentación».

La carrera artística de Remedios Varo se vio truncada por un fatal paro cardíaco en una etapa de plenitud creativa: falleció en 1963, a la edad de 55 años, poniendo fin a una emocionante carrera. En su estudio estaba su último cuadro: Naturaleza muerta resucitando, y el boceto de un cuadro que llevaría el título de Música del bosque.

 

A más de 50 años de su muerte, la obra de Remedios Varo sigue siendo apreciada por su estética onírica y juguetona, con cuadros llenos de detalles minuciosos que exploran las profundidades del subconsciente humano.

 

Algunas de sus obras forman parte de las colecciones de grandes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Madrid–incluyendo una pieza que alguna vez perteneció a la colección privada de André Bretón–, el Museo Nacional de Mujeres Artistas en Washington D.C., y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

 

 

 

 

 

 

 

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