Raymond Chandler y la profundidad de El largo adiós.
En El largo adiós, Raymond Chandler lleva a Philip Marlowe a uno de sus territorios más sombríos y emotivos. La novela, publicada originalmente en 1953, es quizá la más introspectiva de su ciclo: un relato donde la amistad, la lealtad y la corrupción se entrelazan en una trama que desborda los límites del género negro. Marlowe se enfrenta aquí no solo a un caso, sino a un mundo que se desmorona, a una ciudad donde la verdad es siempre esquiva y donde cada gesto tiene un precio. Chandler afina su estilo hasta convertirlo en una prosa seca, elegante y melancólica, capaz de iluminar la fragilidad moral de sus personajes con una precisión casi quirúrgica.
Cuando Chandler acomete “El Largo Adiós”, las circunstancias que atravesaba no eran las idóneas. Su esposa Cissy estaba enferma y debilitada y su estado preocupaba en gran manera al autor. Aún así, plasmó en el libro lo mejor de sí mismo.Lo que más sorprende es el cambio de registro del detective. Marlowe es en la obra donde muestra su lado más humano. Mantiene el libro, eso sí, una trama policial con conexiones entre los personajes principales con los que se relaciona el detective, pero en esta obra se involucra totalmente llegando a entablar relaciones de amistad o amor.
Raymond Chandler está llevando la novela policial más allá. Indudablemente es lo que anhelaba desde sus inicios en la escritura, no ser encuadrado como un autor de novelas policíacas sino como un verdadero escritor literario.
Marlowe establecerá más que un vínculo profesional con los clientes que solicitan su ayuda, como Terry Lennox. De sus encuentros con él nos describirá ciertos datos que afectarán a sucesos futuros:
“Me habría contado la historia de su vida si se lo hubiera pedido. Pero ni siquiera le pregunté cómo le habían destrozado la cara. Si lo hubiera hecho y me lo hubiese contado, es posible que se hubieran salvado un par de vidas. Sólo posible, nada más”
Terry está casado con Sylvia, hija del multimillonario Harlan Potter. Criticará despectivamente en presencia de Marlowe a ambos:
“Harlan Potter es un hijo de puta sin corazón. Todo dignidad victoriana en el exterior. Por dentro tan despiadado como un matón de la Gestapo. Sylvia es una golfa. Su padre está enterado y le sabe a cuerno quemado, aunque no puede hacer nada. Pero espera y vigila y si Sylvia se mete en un buen lío y organiza un escándalo la partirá por la mitad y enterrará las dos mitades a mil kilómetros de distancia”.

El autor vuelve a censurar a las personas que a base de dinero imponen su ley. La prensa está supeditada al control de Potter y publicará única y exclusivamente lo dictado por él. En pocas palabras lo define Marlowe:
“—Lo tiene todo pensado, ¿no es eso, Marlowe?
—He tenido tiempo suficiente. Sobre el señor Harlan Potter sólo sé que vale unos cien millones de dólares y que es el dueño de nueve o diez periódicos. ¿Cómo va la publicidad?
—¿La publicidad? —Su voz adquirió la frialdad del hielo.
—Sí. Ningún periodista me ha entrevistado. Esperaba hacer mucho ruido en la prensa con todo esto. Conseguir un montón de clientes. Detective privado prefiere ir a la cárcel antes que traicionar a un amigo”.
Chandler reprobará ciertos comportamientos violentos de algunos miembros del cuerpo policial:
“Un detective llamado Dayton me dio un par de puñetazos. Un capitán del departamento de homicidios llamado Gregorius me arrojó una taza de café, me golpeó en el cuello con la fuerza suficiente para reventarme una arteria, puede que todavía lo tenga hinchado, y cuando una llamada del inspector jefe Allbright le impidió entregarme al equipo de demolición, me escupió en la cara. Tiene toda la razón, señor Endicott. Los chicos de las fuerzas de seguridad siempre hacen lo que quieren”.
La relación con las mujeres que tienen cabida en la obra va un poco más allá que en otros libros, manteniendo ciertas relaciones con Eileen que solicitará su ayuda para reconducir a su marido escritor. Más firmemente sentirá atracción por Linda Loring, hija de Potter y hermana de Sylvia.
Original es la incursión del escritor Roger Wade. Marlowe simpatiza con él, quizás porque ambos mantienen unos principios y valores románticos en las relaciones. Wade, escritor de varios best sellers, siente frustración por no haber escrito un libro de valor literario. Chandler durante sus principios e incluso posteriormente estuvo obsesionado en conseguir una escritura de calidad. El personaje de la novela llegará a sincerarse con el detective:
“Todos los escritores son basura y yo soy uno de los peores. He escrito doce best-sellers, y si alguna vez termino ese montón de hojas que están en el escritorio es posible que haya escrito trece. Y ni siquiera uno de ellos vale la pólvora necesaria para mandarlo al infierno”.
En el libro hay una dura crítica contra la ambición sin importar los medios. Pero lo que destaca es el abuso que de la amistad desinteresada de Marlowe; ejercen otros personajes en su propio beneficio.
En la obra más madura de Chandler, Marlowe muestra su lado más bondadoso y sentimental, dando muestras al igual que su creador de una trayectoria próxima a su fin. Su verdadero canto del cisne.
El largo adiós es una de las cumbres del noir estadounidense y una muestra del talento de Chandler para convertir un caso policial en una indagación moral. La novela despliega un retrato implacable de Los Ángeles, un escenario donde la corrupción es sistémica y la lealtad parece un lujo anacrónico. Marlowe avanza entre sombras con su mezcla de ironía, cansancio y dignidad, sosteniendo una ética personal que lo separa del mundo que investiga. Chandler escribe con una precisión afilada, cargada de melancolía, y logra que cada diálogo, cada gesto mínimo, revele una grieta en la superficie.
En ese adiós prolongado, casi imposible, late la conciencia de que la integridad tiene un precio y de que, a veces, la única victoria posible es no traicionarse a uno mismo.
No podía faltar para acompañar esta obra maestra, una selección de canciones de la excelsa cantante de jazz, Sarah Vaughan:
Editorial: Alianza, edición 2005 ↗️
Colección: Biblioteca Chandler
Traducción: José Luis López Muñoz
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