Raymond Chandler “La Dama Del Lago” Alianza

Raymond Chandler y la intriga de La dama del lago.

Raymond Chandler vuelve a inspirarse en varios de sus relatos cortos para levantar la arquitectura de la novela: Pearls Are a Nuisance, The Lady in the Lake y No Crime in the Mountains funcionan como sustrato narrativo y tonal. Esa reutilización no es simple reciclaje, sino una forma de depuración: Chandler toma motivos, atmósferas y personajes y los somete a una reescritura más amplia, más sombría y más madura.

El ambiente bélico condiciona el estado de ánimo del autor. En la novela aparecen referencias a hombres sirviendo en el ejército o a punto de ser reclutados, y ese clima de incertidumbre impregna la narración con un tono más apagado. En la primera visita de Marlowe a su cliente, el propio detective percibe un entorno gris, tanto en la decoración como en el vestuario. De la secretaria Adrienne Fromsett, Chandler escribe:

“Vestía un traje sastre de color gris acero y, bajo la chaqueta, una blusa azul oscuro con corbata masculina de un tono más claro.”

Ese apagamiento se refleja también en el menor grado de humor que Chandler imprime en el libro. Aunque no faltan destellos de ingenio, como el chispeante diálogo entre el teniente Degarmo y Marlowe, a propósito de un comentario de un personaje:

“El empleado de la recepción ladró a espaldas de Degarmo como un foxterrier:
—Un momento, por favor. ¿A quién desean cumplimentar?
Degarmo giró sobre los talones y me miró sorprendido.
—¿Ha dicho cumplimentar?
—Sí, pero no le pegue. La palabra existe.
Degarmo se pasó la lengua por los labios.
—Sabía que existía. Lo que no sabía es que se utilizara. Oiga, amigo —le dijo al empleado—, subimos al 716. ¿Tiene algo que objetar?”

A diferencia de otras novelas, aquí no aparecen grandes terratenientes ni magnates. El cliente de Marlowe, Derace Kingsley, dirige una compañía de cosméticos. La mayoría de los personajes están atrapados: por vínculos pasionales que derivan en violencia, por necesidades económicas o por la presión social. El policía rural Jim Patton, por ejemplo, vive pendiente de su reelección:

“En la esquina inferior derecha del parabrisas llevaba una tarjeta, impresa en letras mayúsculas, que decía: «¡ATENCIÓN, ELECTORES! VOTAD A JIM PATTON. ESTÁ YA MUY VIEJO PARA EMPEZAR A TRABAJAR».”

Las rubias explosivas apenas tienen presencia; en cambio, destaca la figura de la dama inteligente y discreta, Adrienne Fromsett, a quien Marlowe aprecia por su sensatez y su temple.

Raymond Chandler, La dama del lago

Como en Adiós muñeca, parte de la acción transcurre en Bay City (Santa Mónica), donde Chandler residió. Allí vuelve a aparecer un estado policial corrupto. Marlowe es vejado, detenido y golpeado. Cuando Kingsley le pregunta por su pierna, el detective responde con ironía:

“—¿Qué ha estado haciendo y qué le pasa en la pierna?
—Me dieron una patada. Obsequio del cuerpo de policía de Bay City. Es un servicio gratuito que dan allí. En cuanto a dónde he estado… en la cárcel por conducir borracho. Y a juzgar por la expresión de su rostro no me extrañaría nada que volviera a verme allí muy pronto.”

Pero Chandler nunca generaliza: siempre reserva un espacio para el policía honrado, representado aquí por el capitán Webber, cuya reflexión sobre el cuerpo policial es una de las más lúcidas de la novela:

“—El problema que tiene el cuerpo de policía —dijo casi con suavidad— es muy complicado. Se parece a la política. Exige hombres de una honradez a toda prueba, pero tiene muy poco que ofrecer a ese tipo de personas. En consecuencia, tenemos que trabajar con lo que tenemos. Y lo que tenemos es esto.
—Lo sé —dije—. Siempre lo he sabido. Y no crea que me amargo la vida por ello. Buenas noches, capitán Webber.”

Tenemos también, como ocurriera en “Adiós Muñeca”, al médico de dudosa moral, que se preocupa más por conseguir dinero con inyectables que velar por el propio paciente. Aquí personificado en el doctor Almore.

La trama, como acostumbra el autor, va introduciendo variantes y desvíos. En la búsqueda de la esposa de Kingsley, Marlowe va encontrando pistas que confluyen en un desenlace donde todo encaja con precisión. Chandler construye una galería de personajes veraz: el teniente Degarmo, con sus luces y sombras; el pintoresco Patton; el rudo Bill Chess; el íntegro Webber. Los personajes femeninos tienen menos peso que en otras novelas, pero Adrienne Fromsett destaca por su inteligencia y su presencia discreta.

Y, por supuesto, Marlowe, cuya personalidad está ya completamente afianzada: irónico, íntegro, cansado, pero aún dispuesto a enfrentarse a un mundo que parece empeñado en torcerlo.

Con cuatro novelas largas a sus espaldas, Raymond Chandler sigue construyendo una obra sin fisuras, cada vez más valorada por la crítica y el público. La dama del lago vendió más ejemplares que sus títulos anteriores y consolidó definitivamente su prestigio. Es una novela donde el noir se vuelve más introspectivo, más sombrío y más humano, y donde Chandler demuestra que incluso cuando parte de materiales previos es capaz de transformarlos en una pieza narrativa de enorme solidez.

La dama del lago confirma el momento de madurez creativa de Raymond Chandler: una novela donde la intriga se afina, los personajes ganan densidad y Marlowe se mueve entre corrupción, violencia y lealtades ambiguas con la serenidad de quien ya domina su propio territorio narrativo. El autor transforma materiales previos en una historia más oscura y precisa, sostenida por una galería de secundarios memorables y por un detective cuya ética permanece intacta incluso cuando todo alrededor se desmorona.

Dentro del ciclo de Marlowe, La dama del lago se impone como una pieza sólida, coherente y decisiva, una muestra del noir clásico en su mejor versión y una prueba más del talento de Chandler para convertir cada caso en una exploración moral del mundo que habita.


Para ambientar el libro, nada mejor que un poco de jazz. Apropiado es el reciente recopilatorio de jazz vocal, “Sing A Song of Jazz: The Best of Jazz Vocals on Resonance”, donde encontramos nombres tan destacados como Sarah VaughanShirley Horn o João Gilberto, entre otros; junto a músicos como Stan Getz o Wes Montgomery:

Resonance Records, 2019.


Editorial: Alianza, edición 2007 ↗️
Colección: Biblioteca Chandler
Traducción: Carmen Criado

Si deseas profundizar en la serie de novelas protagonizadas por Marlowe, puedes explorar en la página otras críticas que he dedicado a Raymond Chandler ↗️