Theodor Kallifatides “Otra Vida Por Vivir” Galaxia Gutenberg 2019

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Theodor Kallifatides y la introspección de Otra vida por vivir.

En Otra vida por vivir, Theodor Kallifatides reflexiona sobre el final de una etapa vital y creativa con una lucidez serena y desarmante. Tras décadas de escritura, el autor se enfrenta a la sensación de agotamiento, al silencio que amenaza con imponerse y a la pregunta de qué queda cuando las palabras parecen abandonarlo. El libro avanza entre recuerdos, viajes, lecturas y conversaciones que iluminan la identidad del escritor emigrado, siempre dividido entre lenguas, países y pertenencias. Con una prosa limpia y meditativa, Kallifatides convierte esta crisis personal en una reflexión universal sobre el paso del tiempo, la memoria y la necesidad de seguir buscando sentido incluso cuando la vida parece haber dicho ya casi todo.

El autor griego emigra en 1964, con 26 años a Suecia. No le fue difícil adaptarse al idioma y sus libros están escritos en la lengua adoptada, pero con setenta y siete años siente un bloqueo en su escritura. Se plantea un viaje a su Grecia natal con el consiguiente reencuentro con su idioma materno.

En Otra vida por vivir, Theodor Kallifatides plantea una sugerente diversidad de temas.

Nos habla de su incursión en el cine con la realización de una película en la que contó con el asesoramiento de Bergman:

“Cada mañana nos sentábamos el uno al lado del otro y Bergman, desde el primer momento, se concentraba como un torero a punto de enfrentarse con el toro más peligroso de su vida. Lo detectaba todo. Las fallas en la iluminación y en la escenografía y, principalmente, que los actores no fueran veraces, que actuaran representando un papel que no era el suyo. ¡Y el responsable era yo!
«He cometido todos los errores que se pueden cometer», me lamenté. «No te aflijas —me consoló—, no todos.»
Cada día aprendía yo algo. Cómo se trama una escena y cómo se termina, cómo debe uno relacionarse con los actores y con los demás colaboradores”.


Sale a colación la emigración a Suecia. En las entrevistas concedidas en Suecia, suelen interrogarle en torno a la cuestión:

“Me fui no sólo porque no encontraba trabajo o porque la presión política era severa, sino porque el hombre que se va, que quema las naves, es alguien muy común. Como aquel que vuelve o aquel que no olvida”.

La deshumanización afecta enormemente al autor, incidiendo a su vez en su bloqueo creativo:

“Pero mi problema no era sólo con la escritura, era también con la sociedad que me rodeaba.

No soportaba ver a Suecia dejar de ser un país de justicia social y solidaridad, para enredarse en los tentáculos del comercio. La educación se privatizaba, la salud y la asistencia médica también. Los maestros y los médicos se convertían en empresarios, los alumnos y los enfermos, en clientes. Esos dramáticos cambios acontecían con tanta celeridad que ni siquiera llegaban a volverse historia. No quedaban registrados en ningún lado. Yo no tenía tiempo de adaptarme. Envejecía en un mundo que me parecía cada vez más ajeno. La nueva realidad moral me ofendía personalmente. Todo se compraba y todo se vendía. Ah, no. Esa vulgaridad no me representaba”.

El regreso a Grecia y en concreto Atenas, desgarra a Theodor Kallifatides el corazón por la situación de pobreza en la que buena parte de la población vive:

“Atenas es la única ciudad en el mundo que me produce vértigo, y en aquellos días también un sentimiento de tristeza profunda. La pobreza, la indigencia, los vagabundos, las víctimas de nuestro tiempo flotan en el aire como una nube densa y oscura sobre la ciudad. No sólo encima de casas y edificios, calles y callejones, sino sobre lo pasado. Y eso significa vértigo. Que el cerebro se parta en dos como una sandía, mientras el corazón se encoge como un caracol”.

La Visita a su pueblo por un homenaje de la escuela que quiere que lleve su nombre, se vuelve emotiva:

“Después de la función, que fue calurosamente aplaudida, me tocaba a mí decir unas palabras. Pero estaba tan emocionado y me temblaban tanto las piernas que me habría caído si Antonis, el agradabilísimo filólogo de la escuela que por casualidad estaba a mi lado, no me hubiera sostenido del brazo. Dije mis palabrejas con la sensación constante de estar ahogándome. En vano intenté encontrar los ojos de mi esposa. Luego firmé los ejemplares de mis libros que los chicos habían traído consigo e intercambié unas palabras con cada uno.
Sus ojos. Resplandecientes y profundos. No olvidaré jamás sus ojos”.

El reencuentro con sus raíces proporciona a Theodor Kallifatides el impulso que necesitaba para la escritura en su idioma, de este libro:

“Me acordé del ave migratoria que había visto en el cielo solitario de Gotland. Había perdido a su bandada, pero no la dirección. El mismo problema tenía yo. Había perdido a mi bandada. La dirección que debía tomar, sin embargo, me la habían dado aquellos muchachos, su maestra, Olimpía Lampusi, y las palabras de Esquilo.
Y este libro, el primero que escribo directamente en griego después de cincuenta años, es mi agradecimiento tardío para ellos, que me devolvieron a mi lengua, la única patria que todavía me queda y la única que no me heriría”.

“Otra vida por vivir” es un libro profundamente reflexivo, donde Theodor Kallifatides se sincera consigo mismo y con el lector con una honestidad que desarma. En estas páginas se asoma al bloqueo creativo, a la experiencia de la emigración, a la memoria que insiste, al paso del tiempo y a la convivencia cotidiana con la vejez. También observa con lucidez la deshumanización del mundo actual, ese ritmo acelerado que parece expulsar todo lo frágil, lo íntimo, lo verdaderamente humano.

Theodor Kallifatides aborda estos temas con una mezcla de emoción contenida e inteligencia serena, sin dramatismos ni artificios. Su escritura, limpia y meditativa, convierte cada reflexión en un gesto de claridad, como si el autor buscara iluminar lo que queda cuando la vida se simplifica y obliga a mirar hacia dentro. En ese equilibrio entre confesión y pensamiento, entre pérdida y gratitud, el libro encuentra su fuerza: la certeza de que siempre hay, incluso en los momentos de mayor cansancio, otra vida por vivir.

El autor hace referencia a la cantante griega, Vicky Mosjolíu:

“Se acabó lo que se daba, decía mi madre. Platón no lo decía así, pero quería decir lo mismo. La permeabilidad de la sociedad actual admite, de alguna manera, que un pobre se vuelva rico o un labrador matemático. Pero Maria Callas no puede volverse Vicky Mosjolíu, ni viceversa”.

Editorial: Galaxia Gutenberg, edición 2019 ↗️
Traducción: Selma Ancira

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