«Marseille»: Fotografía y Azar en Schanelec

La carrera fílmica de Ángela Schanelec es de las más sugerentes producidas en Alemania y en Europa desde un tiempo a esta parte. Apenas conocida en España se debe recordar que su primer largometraje data de 1995, «Das Glück Meiner Schmester». Tampoco se puede considerar como una directora prolífica, pues sus proyectos pueden espaciarse en el tiempo durante tres o cuatro años.

Mubi está ofreciendo una retrospectiva de esta personal directora.

Reconociendo que cada película de Ángela mantiene un particular interés, he decidido detenerme en «Marseille» (2004), película que aprecio de manera singular, para resaltar unas constantes que caracterizan su filmografía en general.

Ángela Schanelec

Pero antes de continuar, esta inteligente entrevista realizada por el equipo del Festival Internacional de Cine de Marsella, aporta una aproximación al pensamiento de Ángela:

FIDMarseille: Sus influencias son claramente más francesas que alemanas.

Cuando empecé, no me interesaba el cine de una manera sistemática. Me encontré con películas que me influyeron y, a su vez, me hicieron descubrir algunas otras. Estaban Antonioni, Ozu, y también, sin duda, Bresson, Godard, Eustache. Pero ni una sola película alemana. No puedes elegir lo que te influye. Reconoces algunas cosas, y las rechazas o las abrazas.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: El texto es omnipresente en tus películas: muchos personajes escriben, leen, tienen libros en sus estanterías. También dijiste que escribes diálogos meticulosamente. Incluso tradujiste a Shakespeare, y el acto de traducir establece una relación particular con el texto. Sin embargo, tenemos la impresión de que todas tus influencias literarias te devuelven al teatro, o incluso a la poesía.

Es cierto que mi escritura no proviene de la teoría. Prefiero dejar que las palabras encajen. Además, estas son dos cosas separadas: algunas palabras se escriben para ser pronunciadas, mientras que otras solo se escriben en papel. Todavía no he encontrado cómo las dos están conectadas exactamente.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Dicen que los directores a veces hacen una película para una sola escena. ¿Esto se aplica a usted?

Utilizo algunas escenas como punto de partida para mi trabajo. Como el incidente final en Marsella, por ejemplo. Otras escenas se originan durante el proceso de escritura de guiones, cuando tienes dudas por alguna razón, y simplemente las disipas. Pero no estoy segura de que agreguen hechos significativos. De todos modos, no estoy tan interesada en hechos significativos. Me interesa más la forma en que los momentos se igualan, a través de su continuidad. No quiero esperar a que algo suceda, ni a que algo se desvanezca.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Usted dijo que «Der traumhafte Weg» fue una película muda, para la que fuiste sin herramienta, diálogos, y que en consecuencia, para la siguiente película, realmente sentiste la necesidad de escribir diálogos. Parece que consideras tu trabajo en una especie de continuidad, en la que cada película ya contiene la siguiente, que ajusta, completa, amplía o aclara la anterior. ¿Le preocupa, como al joven escritor de Nachmittag, que»eso» pueda detenerse?

No, no lo hago deliberadamente. Y durante mucho tiempo, he tenido miedo de que pueda detenerse. No tanto, últimamente.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Dijiste que «Escribir es algo solitario para mí, se trata de una sola persona. Para mí, la especificidad de escribir es el hecho de que estás sola». ¿Cómo experimentas la transición a un esfuerzo colectivo con un equipo de filmación?

Quiero compartir. Claro, escribo sola, pero luego quiero compartir. El truco es encontrar a las personas adecuadas para hacerlo. Todo depende de ello. Son dos necesidades muy diferentes: la soledad y el compartir. Ese momento en el que puedes abrirte al pensamiento de otra persona. No es fácil, o sucede o no sucede. Pero no es una prueba, no estoy evaluando a nadie.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: La forma en que usas la música, entre otros elementos en tus películas, me recordó a Jean Eustache. En «La Maman et la Putain», los personajes usan la música para comunicarse, ponen canciones para enviar mensajes, conversan con el cantante. ¿Es esta película, o este director, importante para ti?

«La Maman et la Putain» realmente me influyó cuando comencé como cineasta. Los diálogos, el exceso, el tiempo fluyendo durante las escenas. La impenetrabilidad, lo trivial, lo urgente. Cualquier cosa puede pasar, incluso cosas prohibidas o aburridas.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Dijiste: «Tratar de hacerme entender, es algo que a los personajes de mis películas generalmente no les importa«.

Honestamente puedo decir que me gustan más mis personajes que a mí misma. También a menudo los encuentro más inteligentes que yo. No sé si hacerse entender puede ser un objetivo inmediato. Tal vez este deseo no sea más que un signo de debilidad. Si lo abandonas, es posible que te sientas más sola. Creo que tengo una relación complicada con lo que significa la comprensión en nuestra sociedad. No me queda claro. Todo el mundo sigue diciendo que quiere entender las cosas. Pero entonces, entienden, y eso no cambia nada sobre ellos. ¿Significa que realmente no lo han entendido? ¿O que lo que entendían no era lo que esperaban? Creo que uno de los problemas que plantea es conectar la comprensión con el sufrimiento, con consecuencias de las que no se puede asumir la responsabilidad.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: ¿Qué opinas del acto de comprensión?

Como dije, no está claro para mí. Entender algo no tiene nada que ver con un esfuerzo o con dificultades. Sucede de repente, no es definitivo, puede ser una cosa de una sola vez, un solo momento de claridad que no puedes conseguir. Tratar de entender a alguien tampoco significa mucho. A veces, quieres entender algo solo para superarlo, para que puedas seguir adelante.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Enseñas «cine narrativo». ¿Cómo lo abordas, ya que la narración es probablemente lo que más cuestionan tus películas, a través de diversos medios?

Abordar un tema significa cuestionarlo. Es una escuela de arte, los estudiantes deben ser capaces de soportar el hecho de que las cosas pueden ser cuestionada, por mí o por ellos.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: En «Ich war zuhause, aber», una mujer le dice a su pareja que no quiere tener hijos, rechazando así radicalmente las expectativas sociales de su género, al igual que muchos otros personajes de sus películas, tratan de escapar de sus destinos, para liberarse de las expectativas para las que nacieron. ¿Te ves así: como una persona que se liberó de lo que otros esperaban de ella, como mujer, como ser humano o como cineasta?

No. No veo el destino como algo consciente de lo que puedas escapar. Nunca he querido escapar, y nunca lo he intentado. Probablemente escaparé cuando muera.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Hay niños en casi todas sus películas, y juegan un papel importante. ¿Por qué? ¿Cuál es su función? ¿Está cuestionando la contingencia de nuestras elecciones al señalar que lo hemos aprendido todo, al recordarnos que todos solíamos ser niños antes de convertirnos en lo que somos?

De hecho, creo que un niño es lo más preciado que hay. Ser injusto con un niño es el fracaso más terrible de todos. El mundo entero se refleja en la relación entre adultos y niños.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: En el aeropuerto de Orly, la mujer a la que le acaban de robar el abrigo dice «es tan horrible pensar que estamos rodeados de gente así», y el hombre que acaba de conocer le dice: «Probablemente fue solo una persona». Tus personajes parecen estar luchando contra la misantropía. ¿Cómo te relacionas con esta característica?

La mujer solo dice eso porque está molesta entonces, y teme que pueda estar rodeada de ladrones. Por personas que son diferentes a ella. No quería dejarla sola con ese miedo, así que le traje a este hombre, que la tranquiliza. Pero también encuentro a los misántropos interesantes en cierto modo. Creo que están realmente asustados de que puedan estar engañándose a sí mismos.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: ¿Por qué deberían cuadrar con los compromisos y contradicciones humanas?

Pero los compromisos y contradicciones humanas son cosas muy diferentes, ¿no es así? Los misántropos tienen miedo de que puedan estar engañándose a sí mismos. Creen que realmente hay algo de verdad por ahí.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: Dijiste en una entrevista: «Me hace feliz cuando lo que veo en la pantalla significa que no tengo que sentirme como una persona loca, como una leprosa anormal, como suele ser el caso en la vida. Me mezclo con la sociedad cuando voy al cine». A veces sentimos que el cine nos ayuda a vivir, por ejemplo, enseñándonos gestos. ¿Crees que puede mostrarnos lo que tenemos en común?

Creo que lo dije desde una perspectiva muy práctica. El cine es un lugar donde no estás solo. Pero la idea de que puedes aprender un gesto es hermosa.

Ángela Schanelec

FIDMarseille: «Tienes que aprender a encontrar un final. Nunca sé dónde termina», dice Sophie en Marsella.

Puedo imaginar que uno podría sentirse así en tal situación. Lo mismo ocurre con los otros diálogos que usted ha citado. Se establece un diálogo entre dos personas que, al enfrentarse, acaban influyéndose continuamente. Solo sucede porque una persona percibe a otra y se vuelve capaz de hacer algo que no podría haber hecho de otra manera. Un pensamiento, un gesto, una palabra.

Ángela Schanelec

Después de tan iluminadoras confidencias que nos abren un poco al universo de Ángela, prosigo con las principales directrices que convergen en «Marseille» y, prácticamente en el conjunto de su obra.

La película está protagonizada por Sophie, joven fotógrafa berlinesa. En Berlín comparte piso con un amigo, pero no se nos muestra su grado de relación. Se siente atraída también por Iván, marido de su hermana Hanna. Parece necesitar un cambio en su vida y decide intercambiar el piso con una joven marsellesa. Se establecerá unos días en Marsella, trabando cierta amistad con el joven mecánico, Pierre.

Pero antes de continuar, para no engañar a nadie, hay que partir del hecho de que el cine de Ángela, no es nada convencional. No quiero decir que sea más «culto», no creo que esa sea la palabra más adecuada, no; sino que su cine no suele plantear la narración de manera lineal como en su mayor parte ofrecen el común de las películas. Pero ello no debe representar un obstáculo, más bien al contrario; Ángela plantea sus filmes para un espectador atento que trate de cuestionarse lo que ve en la pantalla. Tampoco veo en su cine un componente pretenciosamente intelectual. Igual que disfrutamos con un buen libro, debemos dejarnos llevar por las maravillosas composiciones visuales y los sutiles diálogos de sus personajes.

Si os decidís por la visión de la película (cosa que os recomiendo), veréis que los momentos finales normalmente darían inicio a la película. Schanelec en alguna entrevista afirmaba que la idea que originó la misma fue precisamente cierto hecho que sucede a Sophie, prácticamente al final. Ese incidente sería la chispa inicial (no voy a desvelar, por supuesto, lo ocurrido a Sophie), pero Ángela ve que ello propicia a Sophie una especie de liberación interior y su ubicación la veía perfecta al final.

Sophie (Maren Eggert), después de cierto incidente en el tramo final

Una de las características que más me gusta a nivel técnico, son los sugerentes emplazamientos de la cámara. Me viene a la mente una secuencia en la que la cámara está situada detrás del conductor de un autobús. Él lee el periódico y vemos a través del cristal delantero del vehículo como Sophie baja, cruza un semáforo y se aleja a lo lejos:

De igual manera, hay otra secuencia donde la cámara se emplaza en la parte superior de una escalinata. Podemos contemplar un plano general donde Sophie baja las escaleras y se aleja del lugar:

En la entrevista Ángela deja claro que Ozu, se encuentra entre sus referentes. Lo podemos encontrar en su cine reposado donde al igual que el maestro japonés, Schanelec nos muestra escenas cotidianas. Lo podemos observar también, en la filmación de tránsitos de personas o vehículos y personajes conversando mientras pasean. En la siguiente imagen contemplamos como la cámara sigue a Sophie y al mecánico, Pierre, con el que ha llegado a entablar en Marsella cierto grado de amistad, en plena conversación caminando:

También se distinguen algunos rasgos de su apreciado Bresson. Posteriormente, en sus siguientes películas se irá haciendo más evidente. Podemos observar como en la imagen, la cámara se centra en las manos y las fotos que maneja Sophie, es decir, hay un resalte del detalle:

Si en la parte filmada en Berlín, a Sophie se le ve más estática, generalmente en interiores, en Marsella está más en contacto con el exterior, fluyendo por las calles. Entra también en escena la fotografía. Vemos a Sophie detenerse en los exteriores marselleses para realizar fotografías. Cerca del final de la película, preguntan a Sophie, «qué es lo que suele fotografiar». Esa misma pregunta se le puede hacer a Schanelec. Sophie tras titubear largamente, responde que fotografía «calles». Pero igual suele hacer su directora, Ángela, también filma (fotografía) «calles». Calles donde tiene lugar un fluir, un tránsito continuo:

Otra característica de «Marsella» y de las películas de Ángela, es la elipsis. De ahí lo que comentaba al principio, de la ruptura de la manera progresiva de narración clásica. Asistimos a escenas que se interrumpen de modo brusco para tomar otro rumbo totalmente diferente en las siguientes tomas. Esto se puede distinguir claramente en unas escenas donde Sophie se encuentra con Pierre y otros amigos en una sala de fiestas marsellesa. Todos charlan y disfrutan del momento. Todo parece indicar que la noche continuará y que Sophie seguirá con Pierre. Pero Ángela cambia de la imagen de Sophie con el grupo en la sala de fiestas a estar caminando sola en la noche y yendo un paso más allá, en la siguiente secuencia vemos a Sophie en su casa berlinesa:

Ángela, además de directora de cine, es actriz. En alguna película suya ha interpretado, pero comenzó a actuar en el medio teatral. Su amor al teatro tiene su influencia en sus películas. En algunas, introduce escenas teatrales. En «Marsella», Hanna, la hermana de Sophie, es actriz de teatro. Ángela, incluye (rueda) escenas de un ensayo, donde Hanna tiene un papel secundario en una adaptación de «La Gaviota» de Chéjov:

De manera ingeniosa, Ángela emplea ese papel teatral de Hanna para su vida real, en la película. En una conversación reveladora en la piscina, se nos desvelan ciertos sentimientos saliendo a flote. Hanna, reprocha a Sophie que no se implique más en los problemas que ella tiene. Critica su aprobación continua de Iván (marido de Hanna) en lugar de tener una consideración mayor hacia ella, que es su hermana. Sophie replica a Hanna, indicándole que en su vida sigue comportándose como si fuera la ficción de las obras que interpreta:

En la anterior conversación se entiende que la relación de Hanna con su marido (ambos tienen un hijo), parece atravesar algunas desavenencias. Sophie siente atracción por Iván, aunque sabe que su relación es imposible. En una conversación con él, le pregunta «que si quiere a Hanna». Iván queda en silencio sin responder. Se introduce otro elemento clave en la cinematografía de Schanelec: los silencios. Los silencios expresan más que las palabras en las películas de la directora alemana:

El cine de Schanelec se compone de conversaciones aisladas. Ángela comentaba que en la vida diaria continuamente se producen conversaciones que dependen del contexto en el que tienen lugar. Para ella, estas conversaciones no necesariamente tienen que ser decisivas o definitorias en la propia vida (salvo para nosotros como espectadores, que nos sirven de radiografía de los personajes). Podemos observarlo en «Marseille». Sophie no conversa de la misma forma con su hermana que con Iván. De igual manera, las conversaciones con Pierre, el mecánico marsellés, plantean otro nivel de diálogo diferente:

Se debe hacer notar, de hecho lo ha comentado en alguna ocasión Ángela, como sus personajes presentan unos deseos que en realidad pueden no materializarse, pero saben que tienen que lidiar con ello, aunque ciertamente les cuesta decidirse. Además en sus vidas, y aquí, introducimos otra constante en sus películas: interviene el azar. Sophie, de una manera azarosa coincide con Pierre en Marsella. No sabemos hasta qué punto puede determinar su vida. Se relaciona con él, charlan, bailan. Pero también vemos como Sophie, poco después, viaja a Berlín para posteriormente regresar a Marsella. Cuando de nuevo se encuentra en Marsella, hace acto de presencia otra vez, el azar. Tiene lugar un incidente en el que Sophie se ve involucrada. Este hecho quizás provoca un estado liberador en Sophie, como decía Ángela. El final queda abierto, de nuevo otra característica de su cine: los finales abiertos.

Mención aparte, merece la dirección de actores de Ángela. Maren Eggert, dando vida a Sophie, polariza por completo la película. Expresa esos estados dubitativos y frágiles pero también más firmes en otras ocasiones. El resto de actores, con bastante menos peso, pero necesarios, se adaptan a las exigencias de la directora. Destacar el trabajo de Marie-Lou Sellem, como Hanna, hermana de Sophie. Vemos como funde de manera precisa su interpretación en las escenas teatrales y en su «vida real» en la película.

Por último, valorar la importancia que Ángela concede al sonido en las películas. Escuchamos continuamente los sonidos de fondo. Sonidos de vehículos, sonidos de la calle, conversaciones de fondo en locales, sonidos de la naturaleza… Ángela comentaba que debido al ritmo acelerado en el que se vive, no prestamos atención en los detalles y sonidos circundantes. La música también la emplea en la medida exacta, de manera que complementa las escenas visuales de la película. En la sala de fiestas, Pierre enseña a Sophie un baile argelino a ritmo de una canción de Rachid Taha. Canción que os dejo para su escucha:

Rachid TahaHo Chérie Chérie

«Ho Chérie Chérie», canción contenida en el disco de Rachid Taha, «Made In Medina» (2000)

Como os comentaba al principio, la película, junto a algunas más de Ángela, podéis disfrutarla subtitulada en español, entre otros idiomas, en la plataforma Mubi:

https://mubi.com/es/films/marseille

También he visto que se puede alquilar online para ver por 2,90 € en 24 horas, con subtítulos en alemán, inglés y francés (lástima que no esté disponible con subtítulos en español), para los que dominéis alguno de estos idiomas:

Los derechos de las imágenes incluidas pertenecen a  Schramm Film Koerner & WeberNeon Productions

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